"Quizás este síndrome de turismo compulsivo obedezca al temor de un posible fallo futuro del Tribunal Constitucional que pueda más adelante revertir la ley que le permite gobernar de manera remota. Lo cierto es que mientras la mandataria viaja, la recesión y la delincuencia avanzan". (Composición: GEC)
"Quizás este síndrome de turismo compulsivo obedezca al temor de un posible fallo futuro del Tribunal Constitucional que pueda más adelante revertir la ley que le permite gobernar de manera remota. Lo cierto es que mientras la mandataria viaja, la recesión y la delincuencia avanzan". (Composición: GEC)
Por Héctor Villalobos

Que una alta autoridad del Gobierno acuda a un estadio a disfrutar de un partido de fútbol y a alentar al equipo de sus amores no tendría nada de malo. Los funcionarios públicos son personas como cualquiera, con las mismas pasiones y preferencias que el ciudadano de a pie. Pero también gozan de beneficios, potestades y responsabilidades mayores que las de un ciudadano común. Cuando las luces de un estadio abarrotado se apagan sorpresivamente, poniendo en peligro las vidas de 30 mil personas, familias enteras incluyendo niños, uno espera que el hombre más poderoso del Perú (según la encuesta de Ipsos para “Semana Económica”) reaccione para revertir la situación o que despliegue las acciones necesarias para tratar de evitar una tragedia, no que abandone repentinamente la escena.