La experiencia del cliente a prueba de fuego. (Ilustración: Verónica Calderón / Somos)
La experiencia del cliente a prueba de fuego. (Ilustración: Verónica Calderón / Somos)
Por Luciana Olivares

Dicen que uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde. Yo diría que esa frase es muy cierta, con algunas excepciones, como esos individuos flacos, despeinados y que si no cortas de raíz, hincan: los pelos de las piernas. Lo reconozco, los odio, no es que me convierta en la mujer lobo si no me depilo (y la verdad no pienso averiguarlo) pero desde que tuve edad para deshacerme de ellos, me entregué a las bondades de la cera y hasta hoy ni siquiera en momentos de urgencia he recurrido a la máquina de afeitar.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: