La industria de la construcción es una de las que más emite gases de efecto invernadero. (Pixabay)
La industria de la construcción es una de las que más emite gases de efecto invernadero. (Pixabay)
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Si se considerase todo el hormigón que se usa en el mundo como un país productor de emisiones de efecto invernadero, sería el tercero más contaminante, detrás de China y Estados Unidos.

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¿Por qué se dice que el hormigón y el cemento tienen el peor balance carbono del sector industrial?

El cemento es el material más consumido en el mundo, cerca de 150 toneladas por segundo: 14.000 millones de metros cúbicos de hormigón son usados cada año, según la Asociación Mundial del Cemento y el Hormigón (GCCA), que reagrupa a los principales actores del sector (la suiza Holcim, el mexicano Cemex, o el chino CNBM, entre otros).

La construcción representa el 13% del PIB mundial.

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La producción de cemento, un elemento clave de la mezcla del hormigón, genera cerca de 7% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2), según la GCCA, tres veces más que el tráfico aéreo.

“Es más que las emisiones del conjunto de la Unión Europea o de la India, por detrás de las de China y Estados Unidos”, afirma a la AFP Valerie Masson-Delmotte, paleoclimatóloga, copresidenta de un grupo de expertos climáticos de la ONU. Algo que no parece que vaya a cambiar, con la creciente urbanización en Asia y África.

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¿Cómo produce CO2 el cemento?

El cemento, el “pegamento” de los granulados y la arena que forman el hormigón, está formado sobre todo por clínker, un producto que se consigue calcinando en un horno a 1.400 grados ºC la caliza y la arcilla. Al quemarlo, la caliza libera dióxido de carbono.

Al producir una tonelada de cemento se libera casi una tonelada de CO2.

Esta importante reacción química, que apenas ha cambiado desde que se inventó la fórmula actual del cemento hace doscientos años, supone el 70% de las emisiones del sector. El 30% restante viene del consumo de energía de los hornos al quemar la caliza.

¿Cómo descarbonizar la construcción?

La industria mundial del hormigón, que anunció el año pasado su propósito de alcanzar la neutralidad carbono en 2050, explicó recientemente cómo lograría reducir un “25% adicional” sus emisiones de aquí a 2030, lo que evitará que se liberen 5.000 millones de toneladas de CO2 en ese periodo.

El sector confía en que las nuevas tecnologías de captación de carbono le permitan avanzar en sus objetivos de reducción de emisiones para 2050.

También se apuesta por aumentar el reciclaje y la reutilización del hormigón. Otras pistas pasan por convertir el hormigón es un producto “verde”: sustituir los combustibles fósiles de los hornos de cemento por desechos y biomasa (harinas animales, madera reutilizada...).

En cuanto a la captación y el almacenamiento del carbono, esta industria prevé instalar “de aquí a 2030, 10 estructuras de tamaño industrial para capturar carbono”.

Grandes empresas como la china CNBM (China National Building Material Company) prometieron “cumplir un papel” en la descarbonización de la industria.

Las empresas emergentes también quieren participar de este proyecto: la estadounidense Solidia propone capturar el CO2 y reinyectarlo en el hormigón. En Canadá, CarbonCure trabaja ya en la inyección de CO2 licuado.

Pero sobretodo, la industria apuesta por la comercialización de nuevos cementos “verdes” que remplacen el clínker por materiales reutilizados.

La GCCA señala que en Gran Bretaña, la tasa de reutilización es del 26%. Francia adoptó en mayo una nueva norma para los cementos de bajas emisiones de carbono.

¿Qué es el cemento verde? ¿Y el cemento de bajas emisiones?

De momento, este tipo de productos están en manos de empresas emergentes ya que las industrias cementeras tradicionales van con retraso en la modernización de sus instrumentos de producción, con inversiones más importantes en canteras.

Una de las empresas que más han avanzado es la francesa Hoffmann Green Cement, que fabrica cemento sin clínker, a base de residuos industriales como las escorias de los altos hornos, cenizas volantes de biomasa o residuos de arcilla.

Y aunque los sobrecostes en la construcción alcanzan los 25 euros (casi 30 dólares) por metro cuadrado, esta empresa francesa no deja de recibir pedidos.

“La industria cementera prevé reducir sus emisiones en 2050 pero con nuestras propuestas se puede hacer hoy en día”, explica a la AFP el fundador de Hoffmann Green Cement, Julien Blanchard.

El desafío es de talla: “Tres de cada cuatro infraestructuras que veremos en 2050 todavía no se han construido”, alerta el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres.

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