Asteroide Ryugu fotografiado desde una distancia de aproximadamente 20 kilómetro. Se ve gris y suave, pero un primer plano proporciona más color.(Foto: JAXA)
Asteroide Ryugu fotografiado desde una distancia de aproximadamente 20 kilómetro. Se ve gris y suave, pero un primer plano proporciona más color.(Foto: JAXA)

Investigadores japoneses han descubierto “quemaduras solares” en la superficie del remoto que sugieren que antes orbitaba mucho más cerca del y que supondrían las primeras evidencias materiales de este fenómeno.

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“Aunque se sabe que las órbitas de los asteroides pueden cambiar en gran medida, esta es la primera vez que se obtiene evidencia material de esto y estamos asombrados”, dijo el profesor de ciencias planetarias y miembros del equipo de científicos, Seiji Sugita, en declaraciones recogidas este viernes por el diario nipón Mainichi.

El descubrimiento, hecho por un equipo de la Agencia Aeroespacial nipona (JAXA) y la Universidad de Tokio, a la que pertenece Sugita, fue publicado en la revista estadounidense Science

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La sonda espacial Hayabusa2, que se encuentra de camino a la Tierra tras recolectar muestras de Ryugu en una operación pionera, observó la luz del Sol reflejándose en su superficie desde arriba y encontró áreas enrojecidas ampliamente dispersas, pero la superficie rocosa de los cráteres relativamente nuevos no mostraban ese color.

Este y otros factores observados en imágenes llevaron al equipo a concluir que es muy probable que el asteroide haya estado expuesto a calor solar extremo durante un corto período de tiempo en el pasado.

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Tomokatsu Morota, profesor asociado de la Universidad de Tokio y también miembro del grupo de investigación, señaló que los rastros carbonizados en la superficie de Ryugu sugieren que estuvo expuesto a una temperatura alta de alrededor de 600 y 800 grados Celsius.

Aunque la órbita actual de Ryugu se encuentra entre la Tierra y Marte, los científicos estiman que el asteroide orbitó entre el Sol y Mercurio en cierto punto hace entre 300.000 y 8 millones de años.

La trayectoria de un asteroide puede cambiar debido a las fuerzas gravitatorias de planetas masivos como Júpiter.

Cuando en febrero de 2019 Hayabusa2 recogió muestras de rocas de Ryugu, a 700 millones de kilómetros de distancia de la Tierra, aterrizó en una parte que contenía tanto material alterado por el Sol como original y podría haber recogido muestras de ambas.

Según el plan de la JAXA, la sonda pasará sobre Australia hacia finales de 2020 y dejará caer una cápsula que contiene las muestras de arena y rocas recogidas en el asteroide.

Si logra regresar sin contratiempos, Hayabusa2 se convertirá en la primera misión espacial que trae muestras de la superficie y subterráneas de un cuerpo celeste tan lejano, algo que podría contribuir a la investigación sobre los misterios del origen del universo, según la agencia aeroespacial japonesa.

EFE

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