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Oriana Cicconi: "La belleza es poder ser libre y coherente con lo que crees"

Sus experiencias la han llevado a asumir retos a nivel físico y emocional. hoy, más que nunca, sabe que la única manera de disfrutar de la vida es enfocarse en cumplir sus sueños. Por la piel de Oriana fluye alegría y actitud positiva.

La energía positiva, la sonrisa y las ganas de vivir a mil por hora que transmite Oriana parece que no se apagaran nunca. Desde los 16 años se acostumbró a tomar sus propias decisiones. ¿La más trascendente a esa edad? Mudarse a Lima y dejar la casa de sus padres, en Caraz, Áncash. “Les dije que quería actuar y ahí no tenía dónde hacerlo. Ellos no podían pagarme la universidad y me dijeron acá comienza tu vida, vuela. Al inicio los odié y tenía una rabia reprimida que luego, cuando ellos se divorciaron, pudimos resolver. No podía ni quería seguir viviendo con ese odio”.

Tiene 29 años y ha sido conductora de radio, ha actuado en novelas, series, obras de teatro y fue protagonista del musical “Hair Spray”. Se casó en el 2015 con Ánggelo Ocaña, a quien conoció en Tinder, y decidieron recorrer el mundo por un año y medio. Publicó con la editorial Planeta “El libro del amor”, estrenó en el 2018 su show de stand up comedy “Salto sin paracaídas” y hoy cuida a Zoe, su hija de un mes.

Se considera una persona feliz. “Todos tenemos cosas que solucionar porque el trabajo más duro es con uno mismo, pero vivo feliz. Pienso que a pesar de ver tanta violencia y tantas injusticias, tratar de mantenernos positivos, es lo más importante. Todos los días intento levantarme con un sueño, porque los deseos se cumplen mientras más pienses y te enfoques en ellos y, además, te encargues tú mismo de cumplirlos”.

¿Cómo han ido cambiando tus sueños?
Actuar fue siempre mi sueño. Desde que nací siempre estuve en un escenario viendo a mi mamá hacerlo y sentía que quería ser actriz. En el fondo, quería comunicar. Por eso trabajé en la radio, hacía animaciones, locuciones, todo lo que se presentara.

¿Y viajar por el mundo también formaba parte de esos sueños? ¿Cómo nació esa idea?
En el 2015 estaba pasando por una etapa muy crítica de salud. Tenía una lesión en la espalda que me causaba muchos dolores en las piernas y, según los doctores, progresivamente dejaría de caminar. Tenía 24 años, tomaba muchas medicinas y me inyectaban remedios para el dolor constantemente. Le pedí al universo que me ayudara a entender por qué me pasaba esto, que me mande una señal. Un día tuve un sueño en el que me hablaron las mujeres que han sido mis ancestros y me dijeron que tenía que moverme, que les daba pena que no esté disfrutando la vida y que debía viajar y recorrer el mundo. Al día siguiente se lo comenté a Ánggelo y así fue como renuncié a todo.

¿Tuviste miedo de dejar tu estabilidad?
Estaba tan adolorida y buscando una salida para poder curarme que tomé esa decisión. En el trabajo todo iba bien, estaba en la radio y acababa de publicar mi libro, pero sentía que quería un cambio. Al comienzo da miedo, pero pensaba que quizá en un tiempo no iba a poder caminar y tenía que hacerlo en ese momento. Lo más difícil es trabajar en ti mismo. Tratar de sacarte los miedos de no tener estabilidad, de no saber cómo vas a vivir sin un sueldo fijo

¿Viajar te curó?
El viaje me llevó hasta mi medicina, el aceite de cannabis. Llevábamos más de un año viajando y nos enteramos de que en Colombia se podían atender enfermedades con este tratamiento. Contacté con médicos y conversé con personas que lo estaban usando. Lo probé y el dolor se fue. El vivir sin dolor me ayudó a ver la vida de otra manera, me había acostumbrado a vivir con él y eso no está bien. Además, también cambié mi forma de alimentarme, ahora soy vegana.

¿Dejaste de comer carne de un día para otro?
Fue muy loco. Comía todas las carnes. Soy de Caraz y estaba acostumbrada a comer cuy y caldo de cabeza. Y un día en Holanda, vimos un documental que se llama “Terrícolas”. Yo no quería verlo porque no me gusta ver cómo matan animales, pero Ánggelo me convenció. Es un documental que te cuenta cómo el ser humano ha utilizado a los animales en todos los sentidos. Cuando terminamos de verlo, lloramos. Nos llegó el mensaje y no queríamos formar parte de esa industria. Fue mucha información fuerte y el cambio fue de un día para otro. Descubrimos un mundo diferente.

¿Conocer a Ángelo te cambió la vida?
Nos cambiamos la vida ambos. Yo buscaba el amor a toda costa y lo encontré en Tinder, luego de buscar mucho. Lo bonito de habernos encontrado es que nos complementamos y nos apoyamos.

Es un amor sano.
Es un amor sin sufrimiento, él me enseñó eso. Yo le decía al comienzo dónde están los celos, las peleas, el drama. Tuve relaciones en las que lloraba todos los días, me sentía culpable y siempre pedía perdón. La vida y el amor son un juego en el que fluyes sin hacerte daño.

¿Por qué siempre estabas en busca del amor?
Desde que tengo uso de razón correteaba en el nido a mis amigos solo para que me den un beso y para enamorarme. He sido como Susanita, el personaje de Mafalda, que siempre quiere casarse.

¿Tuviste muchas decepciones en el camino?
Claro, varias. Lo que sucede es que antes atraía a tipos tóxicos porque no me encontraba bien anímicamente. Cuando tenía 19 años tuve problemas con la anorexia y la bulimia. Quería ser flaca para poder ser actriz, pensaba que si no era delgada no lo iba a lograr.

¿Sentías mucha presión por tener el cuerpo perfecto?
Es lo que nos venden la publicidad, las películas y novelas. Mientras más delgada más exitosa serás. Estaba en Argentina y me puse muy mal con la anorexia y decidí regresar a Lima. Comencé a comer y me dio bulimia. Pasé de los 70 kilos a pesar 45 kilos en dos meses y medio. Se me caían el pelo y las uñas. Estaba muy mal, pero buscaba el amor igual, pensaba que como estaba flaca iba a tener más jale. Y fue terrible. Me di cuenta de que somos energía y que nuestra energía mueve nuestro cuerpo. Por dentro estaba mal, tanto que emanaba cosas feas y atraía personas feas también.

¿Cómo lo superaste?
Busqué a mi mamá, a mi familia y les conté por lo que estaba pasando. Les dije que no quería que me dijeran gorda nunca más, que necesitaba ayuda. Pasé por muchas terapias y al final me di cuenta de que cambiar tenía que nacer de mí misma. Un día terminé en el Hospital de la Solidaridad, sola, con los ganglios inflamados y con heridas en las manos. Me dije “qué estoy haciendo, a dónde voy a llegar, paro o me muero”. Y paré. Es una enfermedad tan fuerte y que sufren tantas persona que lo hago público para que no nos dejemos caer solo porque el sistema nos muestra que existe un tipo de belleza perfecta. Lo más importante son nuestros pensamientos, nuestra alma y mente.

¿Tu visión de la belleza ha cambiado?
Totalmente. La belleza es poder ser libre y coherente con lo que crees. Es el alma de las personas y la energía que proyectas. Nadie es perfecto, todos cometemos errores y tenemos virtudes. Y, por alguna razón, tenemos el cuerpo con el que llegamos al mundo. Debemos amarnos como somos y vivir cada día al máximo. Tampoco te voy a decir que todos los días soy así de positiva, también me bajoneo, lloro y sufro

Pero vives haciendo comedia, ¿por qué te gusta?
Hacer reír a la gente se siente increíble. Convierto el drama en comedia y llevo un mensaje. Porque a pesar de las cosas malas que te puedan pasar, la vida sigue. Me gusta verla como una comedia y reírme de lo negativo.

En tu unipersonal “Salto sin paracaídas” te ríes justamente de eso, de todo lo que has vivido.
Sí, de mi experiencia de vida y de los viajes. De cómo logramos viajar con poco presupuesto. También hablo sobre la trascendencia de mi mamá, de los mensajes que te da la vida, de mi lesión en la espalda y de no perder nunca nuestros sueños. Todo en tono de comedia.

Tu mamá siempre está presente, siempre dices que ella no ha muerto, ¿qué te dejó?
Me dejó la mejor herencia del mundo, la mejor frase de mi existencia. En el momento que se divorcia, vi a una mujer renacer. Y entendí que no importa la edad, sino la alegría con la que vivas la vida. Tenía 68 años y estaba súper bien. Ella escribía todo el día y yo no sabía por qué lo hacia y un día me dijo “se cura la raíz y se sana la planta”. Ella lo que hacía era trabajar todos sus miedos para dejarnos a mí y a mis hermanos un camino limpio y sin cargas. Me enseñó eso, que la vida es ahora mismo. Le dio un paro y se fue rápido, sin dolor ni sufrimiento. Para ella la muerte no existía. Nosotros solo trascendemos. Eso es lo que yo quiero lograr, trascender.

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