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Universitario: Ok. Hablemos del descenso

El gol de Cazulo fue una puñalada en un corazón que amenazaba con reventar. Pero, vamos, no fue una sorpresa. No dista mucho, con sus cimas y simas, de lo que se ha vivido a lo largo del Torneo de Verano.

Universitario no sabe cerrar partidos. Y no son solo razones futbolísticas (en el gol del ‘Piqui’ quien pierde la marca es Vargas y Benincasa, descolocado, se queda pegado en el piso), sino también porque ha perdido fortaleza mental. Lo mismo sufrió la selección por años y lo resolvió con un psicólogo. Quizás sea la hora de buscar una solución por ahí.

Pero no es el único factor que ha puesto a la crema en la cuerda floja.

El hincha se amarga cuando le hablan del descenso y lanzan una retahíla de frases que, aunque duela, han perdido su correlato en la realidad:

“Somos el cuadro más copero” (Ya no. Cristal ha ido a la Libertadores en 34 ocasiones, la ‘U’ en solo 30).

“Somos el club más grande” (en deudas quizás. La concursal asciende a 100 millones de dólares y la corriente a 23 millones de soles).

“La historia de la U merece más que eso” (Los títulos del 2009 y 2013 solo maquillaron la dramática realidad institucional. En el 2011 el club no se fue a la baja por un relato que algún día se contará completo. Y no basta con tener 26 campeonatos para zafar de la baja).

La realidad es que Universitario fue el peor del grupo A con apenas 13 puntos. En la tabla general empata con Sport Boys y solo supera a Unión Comercio (9). Aunque en el acumulado –salvo Cristal (33), Huancayo (27) y Melgar (25)- todo está apretado, si en este momento se definiera el descenso, el club estaría en el hoyo.

¿Hay razones para pensar que las cosas cambiarán de aquí al final del Clausura?

En principio, no hay técnico. Troglio se fue aburrido, cansado de un club que institucionalmente es una locura. Sí, él también cometió errores, el equipo no tuvo continuidad, encontró el rumbo futbolístico por ratos, erró en el replanteo de varios partidos, dejó ir a jugadores cuyas ausencias aún debe estar extrañando y otros se le fueron, desarmando lo poco que había logrado construir (Rodríguez, Tejada, Cáceda).

¿Trabajó? Sí. ¿Que su estilo de juego directo, con poquísima elaboración, no gustaba? Sí. Pero lo cierto es que encontró un equipo armado para jugar de una manera y cuando intentó reconstruirlo se topó con una tesorería vacía que solo le permitió contratar a un jugador en caída libre (Daniel Chávez). Luego, con el castigo de la FPF, vio como se le iban los mejores.

Al margen de todo ello, era momento de cambiar. El plantel se hizo un puño alrededor de él, lo bancaba a muerte, sin embargo en cada partido se hacía evidente la necesidad de un refresco, alguien que aportara nuevas ideas y administrara mejor la escasez.

¿Quién lo reemplazará? La pregunta, en realidad, es qué técnico aceptará venir a un club que en cualquier momento puede volver a ser sancionado por la comisión de licencias, no puede contratar y buena parte de su plantel está constituido por jugadores semiprofesionales.

Que no se entienda esto último como una forma de menospreciar a Velarde, Osorio, Barco, De la Cruz, Montesinos, Nación, Chávez y los otros muchachos que han jugado esta temporada. El hincha debe estarles agradecidos.  Todos han demostrado su amor incondicional por la crema y una entrega que conmueve. Pero ante la emergencia, se los cargó con una mochila pesadísima. Algunos la supieron sobrellevar y otros, como sucede con cualquier novato, se vieron abrumados por la responsabilidad.

No faltará quien diga: los jóvenes están para jugar y tienen que demostrar sus condiciones desde un principio. Amigos: una cosa es que los chicos jueguen arropados por los más grandes, mientras van midiendo sus responsabilidades, y otra es lanzarlos a los leones, encargándoles que resuelvan los errores de otros.

Y he aquí el principal problema: la dirigencia. A la posibilidad de recibir un nuevo castigo de la federación (pese a que, arañando y con retrasos, entiendo que se están cumpliendo con las obligaciones), se suma que la situación interna del club es más complicada que antes. Por lo que he podido averiguar, la injerencia de Gremco es mayor y las desprolijidades están aumentando (que un gerente durara solo dos semanas en el puesto es un papelón del tamaño del Monumental).

A la deuda concursal, hay que sumarle un pasivo de unos 23 millones de soles cuyo origen no es la gestión Moreno, una barbaridad difícil de afrontar en el día a dia, alimentada por las taquillas menesterosas (entre otras razones, por la estupidez de ciertos hinchas como ocurrió el domingo pasado) y la ausencia de un sponsor fuerte que brinde un respiro. Quienes ven la salida de Troglio solo como una muestra de oportunismo, no aprecian el fondo del asunto.

Para poder avanzar, es necesario conocer qué terreno pisamos. Y la ‘U’ está en arenas movedizas. El TAS, como cualquier tribunal arbitral, más allá de que los argumentos del club parezcan sólidos, puede fallar en contra. ¿Qué pasa si no se puede contratar? ¿Alcanzará con lo que hay? ¿Y si Corzo se va después del Mundial?

Las cosas no se solucionan mágicamente. Es mejor advertirlas ahora que en noviembre. El objetivo, en el plano deportivo, es zafar del descenso. Y eso, para un equipo que solo ha ganado dos partidos en el Torneo de Verano (y al mismo club), carece de temple cuando tiene el marcador en contra y comete errores infantiles abrumado por la ansiedad hace más difícil todo.

Todo.

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