Jorge Barraza

La semana nos regaló dos joyas: una inolvidable ( 4 - 3) y otra de excelencia (Liverpool 2 - Villarreal 0). Los hinchas en el estadio bramaban, los telespectadores estábamos en grado de excitación. La nos tiene acostumbrados a eso. El primero fue un partido trepidante, excepcional, limpísimo, que ennoblece al fútbol y lo ratifica como el espectáculo más grande del mundo. No hay otra actividad o deporte siquiera que le pase cerca. Prometía dar el máximo nivel de juego y emoción, esa combinación fascinante que este deporte tiene. Y lo dio. Más allá de los siete goles, deben computarse el fragor extremo de las acciones, la entrega física y el clima volcánico de las tribunas. También algunas actuaciones individuales memorables como la de Benzema -una vez más-, Modric -una vez más-, De Bruyne -una vez más-, Vinicius… Por si faltara algo, el choque de estilos: posesión y preciosismo (City) versus contraataque y pragmatismo (Madrid). “Fue como un partido de 1950″, lo ensalzó, por el espíritu ofensivo, el magnífico periodista caleño Marino Millán. Sí, pero con cien veces más intensidad, presión, velocidad y agresividad. Cualquier enfrentamiento de los años ‘60 parecería ridículo al lado de tan sensacional demostración de fútbol.

La brillantez del City-Madrid no fue una isla, semana a semana el torneo estrella de clubes nos prepara platos deliciosos. Uno espera un gran partido y lo tiene. Es el summun. Por ello, en el programa Conexión, de Win Sports, se generó un debate: ¿es comparable la Champions al Mundial…? Partamos de la base de que ambas competencias son maravillosas. Nuestra opinión fue que, futbolísticamente, sí, son comparables, incluso la Champions es superior. Hablamos del juego. Para el degustador del gran fútbol, no hay dudas.

Carlo Ancelotti: el triunfo de la sencillez
Carlo Ancelotti es el primer técnico en toda la historia en salir campeón de las cinco mejores ligas de Europa. En orden Italia, Inglaterra, Francia, Alemania y, ahora, España con el Real Madrid. El italiano es un ganador a tiempo completo que buscará su cuarta Champions League esta temporada.

Realizamos un sondeo en Twitter y, sobre 1.682 votantes, el 70,5% respondió que es más atractivo el Mundial que la Liga de Campeones de Europa. El 29,5% restante contestó a la inversa. La realidad es que ha habido cantidades de Mundiales discretitos o malazos. La Champions no decepciona nunca. Palpitamos que un Bayern-Barcelona será un partidazo y lo es. Lo mismo para un Juventus-Atlético de Madrid o un Inter-Manchester United. Casi ningún partido es malo.

“En Europa, sin duda, son mejores los equipos de clubes que las selecciones, en Argentina y Brasil no”, nos dice Pablo Nonis, agudo observador argentino que vive en Tenerife. “Acá la Champions es tan importante como el Mundial”. Además, la competición europea permite anualmente el confronte de alemanes con ingleses o españoles, italianos con franceses u holandeses… El choque tribal mantiene a tope la expectativa. En un Mundial eso se da esporádicamente.

Obviamente, para ingleses y españoles, donde las ligas son tan fuertes, el Mundial ocupa el segundo puesto. Y hay sitios, como en Argentina, donde el público es mucho más hincha de su club que de su selección. Fontanarrosa lo definía con su genialidad habitual: “Central es como mi vieja, la selección es como mí tía”. Por eso, cuando se hace la encuesta/pregunta “¿qué preferís, que tu club gane la Libertadores o que la selección sea campeona del mundo?”, la mayoría vota lo primero.

El Mundial atrapa porque involucra países, naciones enteras detrás de una formación, tiene mayor universalismo, pero no se ve un juego tan extraordinario. Las selecciones no tienen el ensamblaje de un equipo de club, trabajado día a día durante años. Los mejores técnicos del mundo (Guardiola, Klopp, Tuchel, Ten Hag, Conte, Ancelotti, Nagelsmann), están en clubes. A su vez, los Real Madrid, Barcelona, Liverpool, Chelsea, City, Bayern Munich, PSG, Juventus aglutinan los mejores talentos. Cada vez que llega una fecha de Eliminatoria o Eurocopa, estos clubes ceden quince o veinte jugadores a sus distintas selecciones, pero ninguna selección tiene quince o veinte jugadores en el Madrid, el Barsa, el PSG o el City. Ejemplo simple: Zinchenko es la máxima estrella en el combinado ucraniano, en el City es un obrero. Porque el City es una constelación de cracks ingleses, belgas, brasileños, portugueses, españoles, franceses, holandeses… Lo mismo sucede con los otros grandes de Europa. Casi sin excepción, todos los mejores artistas del balón están en Europa. Y en la Champions. Un equipo puede juntar a Salah, Mané y Luis Díaz, una selección no.

Justamente, el Mundial se pierde a Salah, a Luis Díaz, quizás al fabuloso lateral Andy Robertson, a Naby Keita -los cuatro del Liverpool-, a Haaland, a Mahrez, a Alexis Sánchez, a Juan Guillermo Cuadrado y Wilmar Barrios, a David Alaba, a Aubameyang, Verratti, Insigne… La Champions los tiene a todos.

Aunque no hay forma de medirlo, por cantidad de figuras reunidas, mayor tiempo de trabajo y calidad de entrenadores, un club de los grandes de Europa debería ganarle sin demasiados problemas a cualquier selección. Una selección no tendría chances frente a un equipo aceitado y entrenado desde hace cinco años por Guardiola o Klopp.

“La Champions es el Mundial cada año”, sentencia Tito Puccetti, brillante compañero y conductor del citado ciclo televisivo. El Mundial tiene el privilegio de que se lo espera cuatro años, con la expectativa que ello genera. Y que toda la actividad internacional se detiene durante un mes para verlo, la Champions no necesita ni eso, entre semana, metido en medio de decenas de partidos de copas y ligas nacionales, de Libertadores y otros, imanta a todos los públicos del orbe para ver uno de estos choques galácticos. Y el ambiente que se vive en cada duelo es fabuloso, los estadios parecen explotar. En la Champions hay hinchas, en los Mundiales, espectadores.

Desde luego, los Mundiales involucran la nacionalidad, la bandera, el himno, tópicos que llegan al alma, pero estamos hablando del juego y, salvo excepciones, los duelos mundialistas no tienen el grado de calidad ni de emotividad de la Champions, tampoco el entorno.

El fútbol de selecciones une, el de clubes divide, esa es otra ventaja para los Mundiales, pero el Madrid, el Barça, el Liverpool, el Manchester United tienen cientos de millones de seguidores en todo el mundo, más que cualquier selección. A propósito de esto, sería bueno saber el número de televidentes en Sudamérica que hubo el martes último, cuántos tuvo este City-Madrid y cuántos los siete partidos en conjunto de la Libertadores que se disputaron el mismo día. Seguro hubo una diferencia abismal a favor del primero, y eso que se juega en tiempo laborable en nuestro huso horario. La Champions ha logrado que se universalicen las simpatías por los grandes clubes europeos y que nos interese más un choque de allá que uno de acá, debemos admitirlo.

Con los siete goles del martes último y el 2-0 del Liverpool al Villarreal, la Champions alcanzó un alto promedio de 3 goles por juego. La actual Libertadores va por 2,27 y el último Mundial, Rusia 2018, llegó a 2,64.

Claro, cuando te tocan el himno se te aflojan las piernas, pero en juego propiamente dicho…

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