Marco Quilca León

“Dieguito, qué lindo que escribes”. Las palabras envueltas de sorpresa y orgullo que viajan a través de una llamada telefónica desde Buenos Aires hasta México DF son de Dalma Salvadora Franco, Doña Tota, el gran amor de Diego Armando Maradona. Y la única mujer en la tierra que era capaz de influir en él, en sus decisiones. Se estaba jugando el Mundial de México 86 y el Diego se convertía en ‘D10s’ sobre el césped y en una suerte de periodista en sus ratos libres “escribiendo” columnas para el diario “Tiempo Argentina”. Como si supiera que levantaría la copa el 29 de junio de 1986 -un día como hoy- en el estadio Azteca, dejó para la videoteca goles (5), asistencias (5) y gambetas, y para la hemeroteca textos que hoy son reliquias.

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