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¿Cómo jugó Reimond Manco realmente?

Si bien hizo un gol de excepción, Reimond entra en contacto con el balón menos veces de lo que su equipo lo necesita. Demasiado premio es pedir selección para él

Reimond Manco

Reimond Manco anotó un golazo de media cancha en el encuentro de la pre Libertadores ante La Guaira. (AFP)

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Un defecto extendido en la prensa deportivo es la falta de análisis. La conclusión a partir de detalles, no desde valoraciones profundas y comparaciones necesarias. Ayer Reimond Manco hizo un golazo maradoniano y a los diez segundos las redes sociales pedían que juegue en la selección, que reemplace a Cueva y que sea transformado por Gareca, como si el Tigre fuera un chamán ultrapoderoso que rehabilita gente con solo proponérselo. Claro, al técnico argentino le cuentan a Neyra en la ‘U’, a Cueva en la selección, pero no los muchisimos casos de ‘peloteros’ que sin mayor disciplina personal pasaron por él sin que pudiera evitar que se perdieran entre bloques de farándula y deportivos.

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Aunque la valoración de Manco ante La Guaira está claramente marcada por un tanto que fue de excepción, es justo indicar que no hizo un partidazo. Disputó 81 minutos, remató una sola vez al arco, entregó 16 pases buenos y 2 malos, pero intervino demasiado poco en ataque. Expulsado Carando, se quedó sin referente de área para la descarga. Su fútbol necesita de un socio ofensivo. Reimond Manco no es un goleador sino un asistidor. En ese sentido, no se relacionó con los delanteros porque dejó de jugar como enganche y pasó a ubicarse como un tercer volante central. Lejos del área y de los bordes, su fútbol se diluye.

Su carrera como deportista, mal que pese a quienes lo apreciamos, ha ido de más a menos. Nunca fortaleció demasiado su físico de sub 17, pero aun así, delgaducho y firuletero, se las arreglaba para dar pases claves. Antes, hace unos años, Reimond Manco podía recorrer la banda generando gran desequilibrio (piénsese en el Aurich 2010 o en el UTC del 2013). Hoy, sin potencia para jugar por el extremo, solamente conserva lo que siempre fue su gran activo: el pie mágico. “Pudo ser nuestro Alexis Sanchez”, repetía Daniel Peredo, como lamentando que Reimond no le hubiera sumado a su talento, poderío físico y disciplina laboral. Lo que lo sostiene hoy es, todavía, el poder de su pegada. El (gran) problema es que no tiene una presencia masiva en el juego. Aparece un rato y desaparece en otra gran porción del partido.

Para quienes lo piden a la selección, ¿dónde lo ponemos? Tiene la velocidad para competir con Carrillo por derecha? No. Tiene el sacrificio y desdoble para ser un mediocentro como Yotún y Tapia? Tampoco. Les pude ganar como pasador, pero no recorriendo la zona. ¿De enlace, de Cueva? Quizá sí podría competir, pero incluso Cueva entra más en contacto con la pelota que él. Si bien mejoró sus números goleadores en Comercio, el Reimond Manco de hoy toma la pelota menos veces de lo que su equipo lo necesita. Un medio ofensivo como él requiere tocar 40 o 50 balones por partido. Reimond toca 15 y, aunque salva su prestigio personal a favor de sus tremendas condiciones técnicas, termina teniendo solo chispazos de lo que pudo ser un crack.

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