Teddy Cardama fue asistente de Pacho Maturana en las Eliminatorias para Corea-Japón 2002. (Foto: SBA)
Teddy Cardama fue asistente de Pacho Maturana en las Eliminatorias para Corea-Japón 2002. (Foto: SBA)
Gabriel Casimiro

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“No existe un día de tristeza junto a ti desde que te vi por vez primera hijito, hoy mi corazón trata de no romperse para tenerte ahí completamente. Vuela muy alto mi amor!" tuiteó Teddy Cardama un día después de la noticia que nunca hubiese querido recibir. Teddy Cardama Jr. dejó de existir físicamente, pero antes le hizo una promesa. “Me dijo que volviera a dirigir a Boys, era su sueño. Es hincha rosado”, le contó el entrenador a El Comercio. Hoy está de vuelta, y hará todo lo posible para cumplir con su hijo y todo el pueblo chalaco.

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- Pese a la última derrota ante Llacuabamba, Sport Boys ha levantado con su llegada y está en la pelea por evitar el descenso.

Y es por un compromiso total de los jugadores con la situación en la que se encuentra el club. El fútbol, como tú lo has dicho, va más allá de saltar al campo de juego. Hay un sostén importante en la parte logística, en las concentraciones postpartido, en las pre concentraciones dos días antes del partido, alimentación. Cada día van diez jugadores a la cámara hiperbárica para el proceso de recuperación. En la directiva entienden que por ahí está el camino, y ahora nos quedan ocho finales en la fase 2.

- Acabaron la fase 1 con dos triunfos consecutivos y lo volvimos a ver celebrando efusivamente, con una gran carga emocional. ¿Extrañaba eso?

Hay muchos factores que juegan. Hace tres años decidí dejar de dirigir para dedicarme a Teddycito. Fueron tiempos durísimo, no alcanzó y él ya descansa. Como todos saben, él es hincha rosado y hace 10 años yo dirigí a Boys por él. En esa época, mi hijo ya era barrista en las gradas. Y una semana antes de partir, me dijo “quiero verte en la cancha, y mejor si es con el Boys”. Quizás en algún momento pude decidir por otro equipo, y agradezco la oportunidad porque incluso tenía una mejor posición en la tabla, pero quise cumplir con esta responsabilidad. El móvil principal es cumplir esa promesa y aquí estamos.

- Y ahora que ha vuelto a dirigir, ¿no echa de menos esa tranquilidad?

Hace unos años atrás, aprendí una frase que va de la mano con la realidad del trabajo que uno desarrolla. Y es que la experiencia no es nada más que el cúmulo de situaciones vividas y acumuladas a través del tiempo. Es inevitable que alguien puede hacer algo si no tiene pasión. Caso contrario, mejor que no lo haga. Yo tengo mucha pasión, pero hace muchos años dejé esa pasión para la tribuna y le di paso al razonamiento. Hace 20 años que duermo horas al día, eso lo saben en mi casa y se hizo una costumbre. Mi último año como técnico había sido en 2017 con Mannucci y pedí rescindir el contrato para dedicarme a mi hijo, pero no me alejé del fútbol. Hice pasantías en Europa, fui al mundial. Estoy tan bien como en los días que no estaba dirigiendo. Hace años, siendo parte de la selección sub 23 y asesor de la selección nacional en las eliminatorias, Perú perdió 2-1 contra Argentina en el Nacional. Yo era el asesor de ‘Pacho’ Maturana y estaba con un traje color hueso. Nos tiraron botellas, bebidas, raspadillas, de todo. Y hasta ahora tengo guardado ese traje y te lo puede corroborar mi familia. No lo mandé a lavar, está manchado y todo, pero no lo usé mas. Tiene 20 años ahí. Y miro ese traje y digo “peores cosas que ese día no me van a pasar”. Tenía 50 mil personas diciéndome de la A hasta la Z.

- ¿Y es más difícil luchar por la permanencia que pelear por el título?

Nunca me puse a pensar en eso. Me tocó pelear dos años el descenso y no descendí. Ahora me toca esta situación, y la vivo con realismo y objetividad. Tal vez lo más fácil hubiese sido irme al otro equipo que pelea del puesto 8 para arriba, pero me comprometí y acá estoy, sabiendo todo lo que esto conlleva. Por ejemplo, yo no me doy cuenta de los gritos. Antes era peor, hace 15 años me echaban del campo a cada rato. Era mi forma de vivir y sentir el fútbol, tal vez equivocada, pero era yo. Y los años te van enseñando a mantener la mesura. Recuerdo que en esa época, de ocho partidos, todos en Primera, en cuatro estaba en la tribuna. Era muy joven, comencé a dirigir a los 28 años. También me tocó pelear por clasificar a la Libertadores, dirigir Copas, eliminatorias, Preolímpicos, conseguir títulos y ascensos, y jamás encontré una diferencia en ambas situaciones.

- ¿Qué debe tener el discurso del entrenador que está peleando el descenso para llegar a sus jugadores?

Hay tres factores fundamentales, y es una realidad, no lo inventé yo. Es la formación académica, el entendimiento del juego y al talento. En el primero y el segundo intervienen todos los conceptos, la conducción de grupo, el manejo psicológico, la comprensión del juego, cómo se desarrolla. Y el talento va de la mano con el asunto de pararse frente a un grupo humano y desarrollar los temas. Ahí comienzan a intervenir factores de comunicación. El técnico debe contar con la capacidad de seducir a sus jugadores a través del conocimiento. No se trata de decir siempre “hoy sales al campo por tus frejoles, por la familia, por tus hijos, a matar por lo que más quieres”. Ahora hay otros factores para comprometer a los jugadores, dependiendo de las situaciones. A veces da resultados y a veces no.

- ¿Es más fácil convencer a un futbolista cuando uno tiene experiencia y recorrido como entrenador? Cuando comenzó como técnico, ¿le pasó que lo miraban por encima del hombro?

Puede parecer increíble o poco comprensible, y te voy a comentar mi experiencia, porque no puedo hablar de otras. Sí he visto situaciones extrañas, pero a mí me tocó dirigir un plantel pesado en mis inicios. Con 26 años fui a dirigir a Bolognesi, que tenía un convenio con Cristal, donde yo trabajaba en menores. Y por ese mismo convenio, fui con varios jugadores de esa cantera a Tacna. Estaban los hermanos Zúñiga, Montenegro, que luego llegaron a Primera. Dos años después, fui a Alianza Atlético que tenía a Rafael Quesada, ‘Chany’ Cáceda, ‘Loco’ Arteaga, Olcese, todos con pasado en selección, algunos de mi edad y otros mayores incluso. En la ‘U’ tuve contemporáneos míos. Y mi primera vez frente a un grupo no sentí en ningún momento rechazo o la observación fiscalizadora del jugador, porque todos te miran hasta cómo caminas o qué marca de zapatillas usas, el jugador es así. En ese momento no entendía de mochilas y de experiencia, y hoy sí las entiendo.

- ¿Hay un antes y un después en su carrera como técnico, luego de esos tres años?

No, yo no creo en aquella frase, y a veces me tocó escuchar, de que “soy una cosa como persona y otra como profesional”. Eso es una barbaridad, somos un solo ser humano y las personas no cambiamos, mejoramos o empeoramos, evolucionamos o involucionamos, pero no cambiamos, mantenemos la esencia. En ese sentido, Teddycito está cerca, no está lejos, yo siempre hablo de él en presente. Obvio que esto toca fibra y me hace querer cada vez más a todos los que están al lado.

- Habiendo vivido esa transición del fútbol de los 90 al del 2000, y de ahí al actual, ¿el ingreso de la tecnología hace más fácil el trabajo del técnico?

Hoy es mucho más fácil, lo que no significa que jugar o dirigir sea más fácil. Es mucho más fácil con la presencia de la ciencia y la tecnología, porque eso permite que haya una evolución en todos los aspectos. A través de ello, por ejemplo, se pueden tomar decisiones como elegir a un jugador para tal o cual partido, gracias al GPS, por ejemplo. A mí también me tocó ver la presencia, aparición y desaparición de dos décadas y media de periodistas, técnicos, jugadores y dirigentes. Hay técnicos en vigencia como Roberto Mosquera, Franco Navarro, Wilmar Valencia, entre otros, pero son diez años mayores que yo.

- En el Perú se ve seguido que los dirigentes despiden a los entrenadores. ¿En qué momento un técnico debe tomar esa decisión, antes de que eso suceda?

Hace unos años, me contrataron para dirigir a Sport Huancayo y yo fui con mi comando técnico de seis personas: dos asistentes, el preparador físico, el analista de video, el que lleva las estadísticas y yo. El dueño del club en ese entonces me dice “Teddy, te quiero contratar a ti, yo jamás llevé un comando tan numeroso. Yo siempre llevo el preparador físico, si no lo tengo en Huancayo lo traigo de otro lado”. Obvio, eso me lo dijo después, Yo estaba con Teddycito de asistente, y también estaba Miguel Miranda en mi comando técnico. Teníamos todas las condiciones aceptadas, pero me dijo eso y yo le di la mano y le dije “Señor, muchas gracias pero mejor no me contrate, porque a la semana vamos a terminar mal y usted no me va a entender”. Esto me hace recordar cuando los técnicos le dicen a los directivos que se va tal jugador por “mal rendimiento”. Jamás me gustó eso, porque es aceptar que nunca pude sacar lo mejor de ese jugador. Entonces, respondiendo a tu pregunta, el técnico debe entender que si el mensaje no cala, no hay respuestas y lo han intentado todo, es mejor que el club opte por una situación distinta. Lo más común, sin embargo, es que el técnico sea cesado y la situación sea, a veces, desquiciante si cabe el término, para ser lo menos agresivo posible.

- Volviendo a Boys, ¿Cómo es ser un técnico con redes sociales? Porque una cosa es tener Twitter sin dirigir y otra muy distinta estando dentro.

A mí me pasó una vez en Mannucci, que perdimos un partido y la gente presionaba con el clásico “ohhh Cardama ya se va” y el presidente, que era joven, volteaba a mirar a los hinchas y cuál emperador romano bajó el dedo. Estábamos perdiendo 1-0, fuimos al vestuario, salimos y ganamos 2-1. Fui al camarín y le dije a todos los jugadores que hicieron un gran partido, que hubo una excelente reacción y comencé a decir “esto es tuyo” golpeando el pecho de cada jugador. Entonces llegué al presidente y le dije “tuyo también”, pero tuve una reacción involuntaria porque el golpe que le di fue más fuerte que al resto, y el presidente fue contra la pared. Cuando reaccionó, le di la mano y le dije “hasta aquí nomás. Así como pide respeto, también hay que brindarle respeto al profesional".

- ¿Consume diarios, escucha la radio o mira programas deportivos?

Al principio de mi carrera sí, en los primeros dos o tres años, ahora no. No soy un obsesionado ni un obsesivo. Hoy pasa que el técnico debe mostrarse obsesivo para que la gente lo considere un enamorado del fútbol, pero la obsesión tiene que ver con una patología o un desequilibrio emocional, y yo no tengo ningún desequilibrio, estoy sano. Igual veo programas y veo fútbol, hasta fútbol 7. Veo partidos y juego tenis, no de ahora sino de siempre. Es inevitable que no miremos partidos, porque escuchando los comentarios también vamos entendiendo la visión y la perspectiva que tiene uno y otro periodista.

- ¿Podemos decir que Teddy Cardama ya está de vuelta permanentemente o va a depender de si consigue el objetivo de mantener la categoría con Boys?

Si consigo el objetivo, no sé si me gustará seguir dirigiendo. Hay una base importante para la toma de decisiones, por eso estoy acá. Siempre estuve preparado para dirigir por primera vez, ya sea un equipo de mi barrio o la selección nacional. Dirigir a la ‘U’ o a Melgar, a Alianza Atlético o a la selección, siempre fue el mismo estado de responsabilidad para mí.

- ¿Entonces tienen que pasar otros factores para que siga dirigiendo?

Yo lo primero que le dije a Johann Vásquez cuando llegué a Boys es que el resultado puede estar a la vuelta de la esquina, y puedes llegar pero de pronto no te da el aire, la gasolina, y no tiene que ver con estado físico para dar ese giro y llegar a la esquina, hay otros factores. A veces he escuchado críticas y conceptos de funcionamiento de equipo, decir que el preparador físico tiene la culpa de que el equipo no corra, y cómo va a correr si no descansó bien, no comió bien, no tomó los suplementos vitamínicos. Al jugador hay que rodearlo, que descanse dos días antes del partido, se alimente bien, que tenga un médico constante y entregarle todos los elementos que necesita el profesional de élite para que pueda hacer su trabajo. Y eso no es un invento de Cardama, es una realidad. Lamentablemente cuando llegamos encontramos el calendario así. Cuatro de los cinco equipos con los que jugamos tuvieron un descanso mayor a cuatro días, mientras Boys jugaba cada dos o tres días, y aún así llegó con aire al partido con Cienciano y Alianza Universidad. Y es porque descansan mejor en el hotel, comen mejor en el hotel, van a la cámara hiperbárica, toman sus suplementes vitamínicos para recuperar la energía perdida. El fútbol no es solo plantarse en el campo. Nada se puede hacer si no hacemos lo primero. No podemos mirar la Z si ni siquiera miramos la A.

- Se dice que la categoría la salvan los jugadores de experiencia. ¿Es un mito o una verdad?

A mí me gusta argumentar con hechos reales, con cosas que uno ha vivido. Hace unos años me tocaba pelear por el descenso y estábamos a la par jugando octavos de final de la Copa Sudamericana con Alianza Atlético. Veníamos de empatar 2-2 con Fluminense, y nuestro último partido del campeonato, donde nos íbamos a jugar la permanencia, era ante San Martín, el vigente campeón del fútbol peruano, de visita. A esa última fecha llegamos un punto encima de Sport Áncash y ellos eran locales en la altura de Huaraz, así que iban a ganar. Entonces, el empate no nos servía y para muchos ya estábamos descendidos. Encima, a los 15 minutos nos expulsan a un jugador y teníamos que jugar 75 minutos con uno menos ante el campeón. Eran todos jóvenes, con Marcio Valverde y Saulo Aponte, entre otros. Y lo que metieron ese día los chicos, de verdad no es solo que los experimentados pueden sostener situaciones de alto riesgo. Y te digo más, porque jugando la Sudamericana, el delantero rival era Fred, que ganaba 220 mil dólares mensuales. y el más caro de nuestro equipo ganaba 3 mil, todos eran chicos. Pese a ellos, empatamos en Piura con Fluminense y fuimos a Lima y ganamos con puros jóvenes. Así que no te puedo dar una respuesta concreta, porque con jóvenes sostuvimos la categoría y si tuvimos uno que otro de experiencia es demasiado decirte.

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