Pedro Canelo

Las Fiestas Patrias de Gianluca Lapadula comenzaron en setiembre del año pasado. Su manager, Gianluca Albertazzi, alzó el teléfono y usó el prefijo “O51”. El destino de la llamada era Lima, más específicamente las oficinas del comando técnico de la selección peruana en la Videna de San Luis. Ricardo Gareca atendió y aceptó que se reinicien los contactos con el ex atacante del Benevento (recientemente descendido en el Calcio italiano). Lapadula tenía total disposición de vestirse con la blanquirroja, pero quería orientación para acelerar sus trámites. Lo que vino después fue un papeleo apurado para que el delantero turinés tenga el DNI peruano. “Mi madre salió del Perú muy joven, pero el Perú jamás salió de ella”, escribió Lapadula a manera de saludo por el 28 de julio. Lo mismo ha pasado con él. A diez mil kilómetros de distancia, millones de peruanos siguen tratando a Lapadula como un novedoso símbolo patrio.

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