"Apuntes sobre la receta de Krugman", por Augusto Townsend
"Apuntes sobre la receta de Krugman", por Augusto Townsend
Redacción EC

En su breve paso por Lima, Paul Krugman encandiló a algunos con lo que dijo, indispuso a otros y desafió varios preceptos de sabiduría convencional local. Nada mal para haberse quedado menos de 24 horas en la capital. De hecho, se esperaba que fuera así, puesto que Krugman es a la vez –en palabras de Martin Wolf– “el columnista más amado y más odiado de Estados Unidos”. Su fama –buena o mala, según quien lo mire– lo precede.

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No obstante, el ganador del Nobel de Economía del 2008 es bastante menos combativo e irascible de lo que uno podría deducir a partir de sus columnas. Cuando se saca el gorro de articulista y se pone el de profesor universitario, se muestra bastante abierto a la discrepancia y respetuoso de las realidades que no conoce tanto (lo que no necesariamente hace en sus columnas, como aquella vez en la que se enfrascó en un pleito público con el presidente de Estonia, Toomas Hendrik Ilves, por algo que afirmó sobre el país báltico).

Aunque, a decir verdad, sí dijo algunas cosas sobre el Perú que son muy discutibles. Por ejemplo, señaló que el sistema previsional privado, que aquí imitamos de Chile, “había sido un fracaso”, y que la reducción de la pobreza en la región se debía principalmente a los programas sociales de los gobiernos, cuando en el caso peruano se sabe a partir de un estudio de Yamada, Castro y Bacigalupo (2012) que el crecimiento económico ha explicado las tres cuartas partes de esa mejoría.

Krugman dijo en el evento al cual fue invitado por ESÁN que le preocupa mucho lo que pueda pasar con China en el corto plazo y, sin embargo, nos sugirió a los peruanos que estemos tranquilos exportando commodities, pues eso era mejor que forzar una industrialización que no estamos en condiciones de lograr por diversas razones, como nuestra lejanía de los principales mercados mundiales y el que todavía estemos “en el fondo” en materia de educación.

Coincido con él en que nuestra mejor opción para alcanzar el desarrollo es apalancarnos sobre nuestra evidente ventaja comparativa en minería, pero no solo ella, sino también sobre las que tenemos en otros sectores como pesca y agricultura y las que aún nos rehusamos a aprovechar en biotecnología o industria forestal, siempre desde una óptica de innovación y de procurar cada vez un mayor valor agregado a todo nivel en las cadenas productivas. Como bien dice el ministro Piero Ghezzi, para sumarle más motores de crecimiento a esta nave no hace falta desconocer o, peor aun, pretender limitar los existentes.