¿Se acabó el misterio sobre quién es Elena Ferrante?
¿Se acabó el misterio sobre quién es Elena Ferrante?
Rocío Huatuco

“Lo confirmo. Soy Elena Ferrante. Pero creo que esto no cambia en nada la relación de los lectores con los libros de Ferrante”, escribió @AnitaRajaStarn en una cuenta de Twitter creada el 4 de octubre y eliminada ocho horas después. Además de este, aparecieron otros siete tuits, supuestamente publicados por Anita Raja, la traductora italiana quien sería Elena Ferrante, autora de la celebrada tetralogía “Dos amigas”. Y pese a que Edizioni E/O, editorial donde publica Ferrante y donde trabaja Raja, ha negado la autenticidad de la cuenta, la propia Raja no ha declarado al respecto.

Todo comenzó en el 2011, con la aparición de “La amiga estupenda”, la primera entrega de la saga. Aunque para ese entonces Ferrante ya había publicado tres novelas —“El amor molesto” (1996), Los “días del abandono” (2002) y “La figlia oscura” (2006)—, un libro de cuentos infantiles —“La spiaggia di notte” (2007)— y una colección de ensayos, entrevistas y cartas —“La frantumaglia” (2003)—, no era conocida internacionalmente. Sin embargo, con la publicación de los tres tomos restantes del cuarteto napolitano —“El mal nombre”, “Las deudas del cuerpo” y “La niña perdida”—, el interés por saber quién escribía tras el seudónimo se fue acumulando hasta que el domingo pasado el periodista Claudio Gatti señaló a Raja como la presunta autora, en un artículo que apareció simultáneamente en cuatro publicaciones internacionales: Il Sole, Frankfurter Allgemeinen Sonntagszeitung, The New York Review of Books y Mediapart.

La investigación —basada en la revisión de las cuentas de la editorial Edizioni, además del seguimiento de las compras inmobiliarias de Raja y su esposo, el escritor Domenico Starnone— no ha sido recibida con verdadero aprecio: ¿por qué interpretar el no de Ferrante —su decisión de permanecer en el anonimato— como un sí? Al desaparecer su persona pública por decisión propia, Ferrante estableció un vínculo en que lo único importante es la literatura, la escritura misma. “Si la autora no existe fuera del texto, está presente dentro de este, se añade conscientemente en la historia, se esfuerza por ser más verdadera de lo que podría ser en las fotos de un suplemento dominical, en la presentación de un libro, en un festival literario, en una presentación televisiva, recibiendo un premio”, sentencia Ferrante.

Para conocerla solo basta leerla y detenerse en su obra maestra, la saga que ha vendido casi cinco millones de copias solo entre Italia, Estados Unidos y el Reino Unido, y que incluyó a su enigmática autora entre los 100 personajes más influyentes del 2016 según Time. La historia narra la complicada amistad entre dos mujeres: Elena Greco (Lenú) y Raffaella Cerullo (Lila).

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El vínculo especial que une a Lila y Lenú se forja cuando afrontan su miedo más grande: suben al departamento de don Achille Caracci —el ogro del barrio napolitano en el que viven— para exigirle la devolución de la muñeca de Lenú, que al parecer él ha tomado. En el último tramo de la escalera, Lila espera a Lenú y le tiende la mano para continuar juntas. Ese momento marca el inicio de su amistad.

Sesenta años luego, Lila desaparece, no sin antes borrar todo rastro que pueda dar fe de su existencia: sus fotografías, documentos y enseres personales. Por ello Lenú recurre al único recurso que tiene para conservar lo que las une: escribe la historia de su amiga, desde la infancia hasta la vejez. La infancia se narra sin nostalgia, pues la violencia que las rodea las hace madurar bastante rápido, y también las lleva a imaginar formas de salir del barrio y dejar la pobreza. Lenú va a la universidad y se embarca en la complicada labor de escribir y publicar, una tarea amarga porque siempre tiene dos límites: es mujer y proviene de una clase social baja. Lila, en cambio, no puede continuar sus estudios, emprende un negocio de zapatos de diseño, se casa a los 16, se convierte en madre, trabaja en condiciones lamentables en una fábrica de embutidos, aprende a programar computadoras cuando estas recién aparecen… Y siempre logra que el barrio gire a su alrededor: su influencia la sienten con aprecio y recelo sus amigos, especialmente Lenú.

Estos vínculos ambiguos los anticipa el epígrafe del primer libro, tomado del “Fausto”, de Goethe: “El hombre es demasiado propenso a adormecerse; se entrega pronto a un descanso sin estorbos; por eso es bueno darle un compañero que lo estimule, lo active y desempeñe el papel de su demonio”. Lila será como un demonio en la vida de Lenú, la motiva a continuar sus estudios, a salir del barrio, a regresar cuando debe; le enseña a transgredir las reglas que les imponen; y la inspira a escribir. “Quería que ella perdurara. Pero quería ser yo quien la hiciera perdurar”, confiesa Lenú.

Para escribir sobre Lila, Lenú tiene que contar su propia historia, la de sus amigos, la de las familias del barrio, la de Nápoles y los episodios convulsos de la revuelta de los obreros y sus enfrentamientos con los camorristas, la de Italia y este contrapunto siempre presente entre el pueblo y la clase intelectual, dos formas de vivir, sentir y pensar los grandes cambios históricos, como la revolución del 68 y sus efectos. De fondo y conforme van experimentando su sexualidad y toman consciencia de su lugar en el mundo como mujeres —especialmente cuando experimentan la maternidad—, se distinguen también las reflexiones feministas de la época. Desde distintos frentes, ambas atraviesan estos procesos y cada una se adapta de la mejor manera: Lila lo hace intesamente aunque sin salir nunca de Nápoles, mientras que Lenú recorre Italia y sale del país cuando se consolida su carrera como escritora. Este trabajo de la memoria que abarca más de medio siglo está conectado magistralmente por el episodio de la muñeca perdida.

Al cerrar el último tomo, quedan tantas preguntas en la ficción que la reciente revelación del “verdadero nombre de Elena Ferrante” pierde importancia.

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