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Jodorowsky: el psicomago del cine

El periodista y docente José Carlos Cabrejo se acerca en su nuevo libro a la labor cinematográfica de Alejandro Jodorowsky, un autor cuyas películas suelen dividir a la crítica y a los espectadores.

Alejandro Jodorowsky

Alejandro Jodorowsky: cineasta, escritor, dramaturgo, psicomago. Parece que el mundo —cinematográfico, al menos— se divide entre quienes odian y quienes aman a Jodorowsky.

Wikimedia

Dice Alejandro Jodorowsky (Chile, 1929) que para que un estudiante de cine se desintoxique del fascismo académico (sic) debe, primero, “sentarse desde que amanece hasta que anochece frente a un árbol sintiendo la luz. Volver siete días seguidos y hacer lo mismo”. Este es uno de los once consejos del cineasta, escritor, ilustrador, mimo y fundador de la psicomagia que se publicaron en el año 2007 en la revista mexicana R&R y que hoy circulan por internet.

Pero no solo circulan sus frases célebres. Sus trabajos cinematográficos —la causa de que más de un periodista le pida consejos para los cineastas de las nuevas generaciones—, también. “Hasta hace unos años era imposible encontrar sus primeras películas en VHS”, cuenta José Carlos Cabrejo, periodista, docente y autor del reciente libro Jodorowsky. El cine como viaje. “Yo vi El topo hace mucho por pura casualidad. Un chileno tenía, sabe Dios cómo, una copia, y yo conseguí la copia de la copia”, recuerda.

—Persona y personaje—
Para explorar el cine de Jodorowsky, Cabrejo recomienda separar la obra del personaje que se ha construido el autor. Personaje que encandila a sus casi dos millones de seguidores en Twitter y cuatro millones en Facebook, pero que suma también miles de detractores que lo consideran un Paulo Coelho hipster.

Sí, para muchos el personaje roza los límites de la autoayuda; pero Alejandro Jodorowsky, la persona, siempre se inclinó hacia lo místico y a una particular exploración de la esencia del ser humano y esto ha marcado su carrera, la cual empezó con la escritura de guiones y el montaje de obras de teatro. Él abandonó Chile a los 24 años, se volvió mimo en Francia de la mano de Marcel Marceau y fundó, junto al dramaturgo Fernando Arrabal y el artista Roland Topor, el Grupo Pánico. Entonces hizo su primer corto: La cravate (1957), pieza de 35 minutos basada en un texto de Thomas Mann que prescinde de los diálogos y apela al arte del mimo.

—Múltiples lecturas—
En 1968 estrenó en México su primer largometraje basado en un texto de Arrabal: Fando y Lis, cuya proyección fue un fracaso. Pero esto no lo desanimó. Dos años después, estrenó El topo, película escrita, dirigida y protagonizada por el mismo Jodorowsky: una mezcla de western y drama bíblico existencial.

Quienes no comulgan con su estilo creen que su éxito se debe a situaciones fortuitas como que John Lennon y Yoko Ono gustaran de El topo, lo apadrinaran y el ex-Beatle decidiera financiar todos sus futuros trabajos cinematográficos a través de su representante Allen Klein. Lo que sí es cierto es que con esta publicidad sus películas fueron un éxito en las funciones de medianoche, en los cines de Nueva York. En este contexto nació La montaña sagrada (1973), llamada la obra cumbre del cine jodorowskiano, y que combina filosofía, religión y metafísica con imágenes poéticas, crítica social y el tarot. Una pelea con Allen Klein provocó la desaparición de ambas películas de los circuitos formales hasta el año 2004, cuando el pleito se zanjó y las películas fueron restauradas y comercializadas.

Lo que sigue es una etapa irregular en la que Jodorowsky realizó tres películas entre 1980 y 1990. Luego se mantuvo alejado de la dirección hasta 2013, cuando estrenó La danza de la realidad, su primera película autobiográfica, seguida de Poesía sin fin (2016), del mismo corte. Para su próxima película Psicomagia, el arte de la sanación, realizó un crowdfunding que superó, por varios miles de dólares, sus pretensiones.

Dice Cabrejo que lo que más aprecia del cine del chileno es la posibilidad de encontrar múltiples lecturas en sus propuestas. Sus detractores consideran que son pretenciosas puestas en escena, efectistas y sin sustancia. En su libro, Cabrejo disecciona el trabajo del director a la luz de sus influencias intelectuales y espirituales, y lo reconoce como héroe cinematográfico de la contracultura.

Una vez le preguntaron a Jodorowsky qué creía que había aportado a la historia del cine. Él respondió: “Que lo digan los ratones”.


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