La ciudad de los poetas: la columna de Alonso Cueto

“En las paredes del templo los bajorrelieves de las manos pueden ser un símbolo de amor y amistad, y también parte de una estructura mayor que no se conserva”, escribe Alonso Cueto en su columna dominical.
Ciudad y atractivos turisticos de la ciudad de Huanuco. Templo de Kotosh. Manos cruzadas de Kotosh. Imagenes cedidas por Promperu.

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Llegar una mañana a una ciudad de los Andes peruanos es una de las experiencias que cualquiera de nosotros atesora. El aire cristalino, la autoridad ondulante de las montañas, el frío templado, son experiencias renovadoras. La sensación que tengo es que he vuelto a algún lugar de donde salí hace tiempo, y a donde siempre he querido regresar.

Hace poco, gracias a una invitación de la Facultad de Educación de la Universidad Hermilio Valdizán, pude renovar esa experiencia. Uno se siente acogido desde el primer momento por la Ciudad de los Caballeros del León de Huánuco. Como sabemos, el mismo nombre de la ciudad revela su naturaleza mestiza. Hace alusión en parte al lugar de nacimiento en España del gobernador Vaca de Castro. La palabra ‘Huánuco’ probablemente se refiere a la abundancia de guanacos en la zona.

Hoy el cielo ancho, poderoso y cristalino de la ciudad nos acoge en la plaza principal, donde vemos una gran estatua dedicada a la fiesta de los Negritos. Más allá el río Huallaga avanza hacia la selva. Una corriente sostenida y densa, asistida por un malecón de árboles.

El sitio arqueológico de Kotosh, que queda muy cerca de la ciudad, es uno de los centros religiosos más antiguos de América. Hoy puede verse el Templo de las Manos Cruzadas construido hace casi cuatro mil años. Es un sitio impresionante. En las paredes del templo los bajorrelieves de las manos pueden ser un símbolo de amor y amistad, y también parte de una estructura mayor que no se conserva. Uno también se pregunta si no hubiera podido aprovecharse mejor el sitio, rodeado de un paisaje inmaculado de montañas verdes, con una señalización del camino, pancartas explicativas y lugares de descanso para los visitantes. Una de las muchas tareas que espera a las autoridades.

Al día siguiente vamos a Tomaychichua, un poblado de gran belleza. Allí, en la casa de la Perricholi, nos atiende una joven con el traje rojo de Micaela Villegas que nos cuenta su vida. Descubrimos en la pared una linda imagen de Vinatea Reynoso, “Jarana criolla, las de Miquita”. Cerca está la casa donde vivió Enrique López Albújar, un huanuqueño de corazón. López Albújar escribió “El hechizo de Tomayqhichua” y “El campeón de la muerte” cuya frase inicial es “Se había puesto el sol y sobre la impresionante tristeza del pueblo comenzaba a asperjar la noche sus gotas de sombra”.

No es casualidad que sea hoy una ciudad de poetas y narradores. Estuve en el auditorio del Museo Regional Leoncio Prado, administrado por la Universidad Hermilio Valdizán, donde se presentaron los interesantes libros de Christian Elguera y de Mario Malpartida. El auditorio, cedido en forma gratuita para la presentación de libros, estaba repleto de espectadores. En la ciudad publican con frecuencia Ángel Santillán, Andrés Jara, Jorge Cabanillas, Víctor Rojas, Jacobo Ramírez, Luis Mozombite y Silvia Nieto. Irving Ramírez, profesor de la universidad y escritor, es el poeta de “Al caer la noche”. Por otro lado, la universidad rindió homenaje a Samuel Cárdich, con una obra abundante y reconocida en los géneros de cuento y poesía. Entre las editoriales huanuqueñas destaca Ediciones Rocinante, que dirige Rossy Majino. Promotora, docente y poeta, Majino ha publicado ya más de cuarenta libros que circulan por todo el país y en el extranjero. Gracias a ejemplos como el suyo, salgo convencido de la fuerza de esta ciudad. Poetas que siguen cantando bajo un cielo inmaculado.

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