El jurista francés Paul Pradier Fóderé defendió al Perú en Europa buscando detener los excesos chilenos durante la ocupación de Lima. Composición a partir de imagen del asalto e incendio de Chorrillos, de repositorio PUCP.
El jurista francés Paul Pradier Fóderé defendió al Perú en Europa buscando detener los excesos chilenos durante la ocupación de Lima. Composición a partir de imagen del asalto e incendio de Chorrillos, de repositorio PUCP. / Jorge Paredes Laos
Héctor López Martínez

El Comercio, al dar la noticia de la muerte de Paul Pradier Fóderé, ocurrida en St. Etienne, Francia, el 27 de julio de 1904, decía: “El señor Pradier Fóderé deja un nombre vinculado a nuestro progreso universitario, a nuestro sistema de instrucción y a toda nuestra reglamentación en ese ramo. Fue por algunos años el alma de la reforma y el alma de las nuevas prácticas de enseñanza, así como de nuestra administración pública en asuntos doctrinales y prácticos”.

Cuando el presidente Manuel Pardo decidió fundar la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de San Marcos, Manuel Atanasio Fuentes propuso a Pradier Fóderé, nacido en Estrasburgo en 1827, como la persona idónea para encargarle tan necesaria y ambiciosa tarea. Fuentes, quien había traducido al español varios libros de Pradier, no pudo haber hecho una recomendación más acertada. El catedrático francés tenía por entonces no solo un bien ganado prestigio docente, sino también una importante y variada obra escrita.

El ilustre jurista, acompañado de su familia, arribó al Callao el 9 de octubre de 1874. Venía precedido, como ya se dijo, de una excelente y merecida reputación como abogado y catedrático no solo en Francia sino en otras universidades de Europa. En Lima, junto a Ramón Ribeyro, Luis Felipe Villarán, Antenor Arias, Isaac Alzamora y otros abogados altamente valiosos de nuestro medio, Pradier Fóderé, en 1875, formuló y presentó a Manuel Pardo el Programa para el establecimiento de la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas, que comenzó a funcionar inmediatamente gracias a la ley promulgada el 7 de abril de ese año.

Salón general de la Universidad de San Marcos a inicios del siglo XX. Fuente: Colección Elejalde. Repositorio PUCP. En: Lima y sus alrededores, de Camille Pradier-Fodéré.
Salón general de la Universidad de San Marcos a inicios del siglo XX. Fuente: Colección Elejalde. Repositorio PUCP. En: Lima y sus alrededores, de Camille Pradier-Fodéré. / Repositorio PUCP

Defensor de la causa peruana

Pero no es al hombre de leyes que tan profunda huella dejó en varias generaciones universitarias de Francia y del Perú a quien deseamos recordar en estas líneas. Es al generoso alsaciano, defensor de la causa del Perú vencido, desprestigiado en Europa, sin propagandistas, sin dinero ni influencias para conseguirlos, al que rendimos justo homenaje de respeto y gratitud. Ya en los primeros días de la guerra con Chile, Paul Pradier Fóderé dio cumplida muestra de su total identificación con la causa del Perú al ceder, para gastos de la defensa, un trimestre de sus haberes como Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas (cinco mil soles, suma muy importante por entonces), ejemplo que fue seguido por su hijo Camille, también abogado, quien hizo lo propio con los sueldos percibidos como empleado de la Dirección de Estadística.

Pradier Fóderé y los suyos retornaron a Francia a fines de 1880. A partir de ese momento su pluma no tuvo descanso. Escribió en la prensa científica y noticiosa dando a conocer a la opinión pública europea, y en particular a la de su país, la verdad sobre las causas de la Guerra del Pacifico y detalles sobre los atropellos que sufría el Perú de manos de un país que, a falta de razón, usaba la fuerza.

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Un doloroso espectáculo

Bajo la amargura que le causaban nuestros infortunios, Pradier Fóderé exclamó: “Es el mejor timbre de mi vida haber sido el único, de los que se ocupan en Europa de Derecho Internacional, que haya levantado la voz contra las violencias cometidas sistemática y fríamente en las playas del Pacífico. He protestado en nombre de la civilización, en nombre de la humanidad: me he dirigido a todas las inteligencias ilustradas que en Europa y en América esparcen las ideas, dirigen las opiniones, cavan el surco del progreso y siembran en él las doctrinas; pero el prestigio de la fortuna y de la victoria han prevalecido sobre mis ansiados esfuerzos”.

Cuando Lima, en enero de 1881, cae en poder de los chilenos, publicó un artículo periodístico titulado “El deber de la ciencia libre”, que en uno de sus párrafos medulares apunta lo siguiente: “Los hombres que aprecian el valor de la civilización y que aman la humanidad, presencian en este momento un doloroso espectáculo. Un pueblo inteligente, bueno, hospitalario, gime bajo las plantas de un vencedor implacable. Ese pueblo ha representado un papel decisivo en la gloriosa guerra de la independencia, y las repúblicas americanas, que consideraba como hermanas suyas, le dejan agonizar sin resolverse a protestar en nombre de la solidaridad humana”.

La guerra con Chile culminó con la firma del Tratado de Ancón en el que se especificaba que Perú entregaba a perpetuidad la provincia de Tarapacá a Chile y cedía por un período de diez años las provincias de Tacna y Arica, terminado ese tiempo se debía realizar un plebiscito. (Foto: GEC Archivo Histórico)
La guerra con Chile culminó con la firma del Tratado de Ancón en el que se especificaba que Perú entregaba a perpetuidad la provincia de Tarapacá a Chile y cedía por un período de diez años las provincias de Tacna y Arica, terminado ese tiempo se debía realizar un plebiscito. (Foto: GEC Archivo Histórico) / EL COMERCIO

La orden de Bolívar

El presidente de Venezuela, general Antonio Guzmán Blanco, quien había condenado el derecho de conquista que preconizaba Chile y alzado su generosa voz en defensa de la causa del Perú, quiso demostrar su aprecio e identificación con la campaña que venía librando Pradier Fóderé en pro de nuestro país y lo condecoró con la Orden de Bolívar en el grado de Gran Oficial. Era, evidentemente, una merecida presea para quien con tanto talento y vehemencia defendía los derechos de la justicia y de la humanidad.

Hasta el fin de sus días Paul Pradier Fóderé fue un constante y desinteresado defensor de los derechos de nuestro país, clamando ante los círculos académicos y ante la opinión pública europea para que las potencias del Viejo Mundo, mediante la presión de sus cancillerías, hicieran posible la restitución al Perú de territorios que habían sido nuestros desde siempre, al amparo de los más limpios e indiscutibles títulos y que Chile nos había arrebatado por la fuerza en una guerra de conquista. Los nombres de Tarapacá, Arica y Tacna se convirtieron casi en una nobilísima obsesión para el anciano catedrático cuyo espíritu y devota atención jamás se apartó de los problemas, zozobras y congojas del Perú yacente.

A este francés insigne, al que tanto debemos, aún no se le ha tributado el homenaje que merece por los hidalgos y señalados gestos de solidaridad que nos brindara en horas oscuras y solitarias, comprometiendo el reconocimiento perdurable de los peruanos.

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