Redacción EC

Pamela Sandoval Del Águila /

Las ciudades, como la gente que las habita, son organismos vivos. Crecen, enferman, maduran. En Medellín, , se conoce bien este proceso. Como ocurrió con Lima en los 80, padeció la muerte y destrucción del terrorismo. Sin embargo, en apenas 10 años, la ciudad revirtió sus índices negativos más críticos para convertirse hoy en la mejor urbe para vivir de su país.
 
¿Cómo lo hizo? ¿La estrategia puede imitarse? Durante el VII Foro Urbano Mundial, organizado por -Hábitat, especialistas de 142 países concluyeron que  sí. Ello porque el modelo de Medellín, basado en para infraestructura, no solo es la estrategia más implementada en países del primer mundo, sino porque construye obras donde la gente debe participar para mejorar su calidad de vida.

“Las obras son financiadas con parte del 50% de las ganancias anuales que, por ley, nos da EPM [Empresas Públicas de Medellín], la segunda empresa más rentable de Colombia. El 2013 ese monto fue de US$500 millones”, explica Leison Romaña, de la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU), ente municipal que organiza el proceso. Una vez que está lista la obra, ya sea un nido Buen Comienzo, un Parque Educativo, una UVA (Unidad de Vida Articulada) o un  medio de transporte, esta pasa a ser administrada por una fundación privada.
 
Para Joan Clos, director de ONU-Hábitat, el éxito de lo público-privado en Medellín se debe a la transparencia con que se manejan las finanzas de la obra, el uso que le dan los beneficiarios y la estrategia de inclusión: cada parque o jardín se hace a pedido de los vecinos.
 
Sergio Fajardo, gobernador de la región de Antioquia y ex alcalde de Medellín, explicó a El Comercio que el mecanismo para elegir la obra se parece al del presupuesto participativo que se usa en el Perú. No obstante, allá sí hay opinión pública a favor de que privados administren las obras  y los plazos de construcción se cumplen.
 
“No estamos resolviendo la movilidad, eso es una herramienta. Tampoco resolvemos problemas de lectura. Acá queremos resolver desigualdad, violencia e ilegalidad. Si quieres transformar una ciudad, empiezas por hacer lo más bonito, más rápido y más útil para los olvidados”, dijo.
 
El cambio de Medellín empezó el 2004, cuando se inauguró la primera línea del Metrocable, un teleférico que une el Metro (tren) y Metroplus (buses articulados) con lo más alto del barrio Santo Domingo Savio, en uno de los cerros de la ciudad. Al acortarse los plazos de viaje, aumentó el empleo y poco a poco fue posible mejorar la seguridad del barrio.
 
A la fecha Brasil, Japón, Etiopía, Corea e Inglaterra desarrollan programas similares a los de Medellín, todos enfocados a la inclusión de sus poblaciones más vulnerables. Falta poco para ver sus resultados.

El caso limeño

Lima y Medellín comparten no solo semejanzas geográficas y culturales, sino también de orientación municipal. Desde su primer año, la gestión de Susana Villarán es asesorada por su similar de Medellín en transporte (para el Metropolitano), gestión de áreas verdes (para las ludotecas de Crea en ) y programas de inclusión y servicio (como Barrio Mío).

Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en Colombia, la aceptación y resultados de estas inversiones aún no es del todo óptima.

Ello pese a que, recientemente, Joan Clos, de ONU-Hábitat, destacó a como un ejemplo de integración de las necesidades de seguridad con las de esparcimiento de la población.

Ver para creer
Aunque las críticas contra la gestión de Villarán son constantes y numerosas en redes sociales y medios de comunicación, la mayoría no cuestiona los programas llevados a cabo sino los retrasos en su apertura y poca difusión entre sus principales beneficiados.

“La gente que ha sido olvidada por sus autoridades desconfía. Para volver a ganar su confianza debes hacer obras sencillas, bonitas y rápido, con resultados palpables. Cuando lo ven, recién creen”, opina al respecto Sergio Fajardo, ex alcalde de Medellín.