Gladys Pereyra Colchado

Ocho años después de que el escenario de la educación superior en el Perú cambiara con la Ley Universitaria, que creó la Sunedu, un tercio de las universidades que existían en el 2014 no se licenciaron por no cumplir condiciones básicas de calidad. Llegó el y cambió el escenario de nuevo.

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Con una virtualidad forzada, la enseñanza superior encontró un espacio que para muchos docentes y estudiantes aún era ajeno. ¿Qué sigue ahora?

De acuerdo a un estudio realizado por el Centro para el Análisis de Políticas Públicas de Educación Superior (CAPPES), un 81% de universidades peruanas ven al 2030 un escenario positivo con mayor participación de la educación a distancia en el sistema universitario.

Jorge Mori, fundador de CAPPES y exdirector de Educación Superior Universitaria del Minedu, sostiene que la pandemia contribuyó a que se eliminen algunos prejuicios respecto a la virtualidad en la enseñanza, pero ahora se debe garantizar que sea de calidad. De hecho, el estudio, en el que participaron 61 rectores y autoridades de universidades públicas y privadas, considera que el número actual de programas a distancia y semipresenciales licenciados por Sunedu (422) “no responde al potencial que existe en un escenario pospandemia”.

“Hay que diferenciar la educación a distancia de calidad de lo que ha sido la educación remota de emergencia durante la pandemia, que es más cercana al modelo de educación presencial”, explica.

Esto implica una transformación digital de programas para atender una demanda distinta. Para tener una idea de cuán diferente es cada generación de estudiantes, la ingeniera , explica que hoy existe una ‘infancia 6.0′ criada en un entorno de Inteligencia Artificial y metaversos, al que se suma los ‘millenials’ que se alimentan de la inmediatez proporcionada por los celulares cada vez más sofisticados, y lo que llama ‘viejenials’ o adultos de 40 O 50 AÑOS interesados en ampliar su educación, pero sin tiempo para las clases en un campus. Tres generaciones a las que la educación presencial tradicional no llega a satisfacer.

Para Patricia Salas, exministra de Educación y miembro del Consejo Nacional de Educación, se requiere plantear programas que combinen lo “lo mejor de la virtualidad y de la presencialidad”, para que no se pierda la ganancia de las relaciones informales de la enseñanza, la formación de redes profesionales y desarrollo de habilidades blandas como comunicación directa, trabajo en equipo, entre otras. “Hay suficientes argumentos para pensar que lo que conviene es la combinación y no desechar uno por otro”, añade la especialista.

Más retos

Ampliar la educación a distancia es una forma de ampliar el acceso a estudios universitarios. Actualmente, solo 3 de cada 10 jóvenes accede a la educación superior, una de las tasas más bajas de América Latina. La conectividad es el primer obstáculo a superar, pero no el único. Las condiciones de calidad, capacitación docente y la regulación específica son necesarias.

“Si el Estado no resuelve la desigualdad de la conectividad en el país, se van a disparar las brechas para el acceso a la educación superior. Al final los jóvenes que van a poder acceder a una educación a distancia de calidad van a ser de Lima o de las regiones de la costa y se van a castigar a Loreto o Ucayali”, indica Mori.

Salas añade que una tarea pendiente es investigar y diseñar programas de educación virtual que contengan recursos de bajo consumo de megas. “Hay que hacer un balance de cuáles herramientas y actividades de la virtualidad son necesarias para mejorar la calidad sin requerir una excesiva cantidad de recursos”, indica.

Sobre la regulación, la exministra añade que los estándares de calidad ahora tendrán que ser mirados en una lógica de que combina el trabajo presencial con el virtual. “Se necesitan estándares específicos para no correr el riesgo de que este nuevo recurso para educación superior se convierta en una fuente de mediocridad o de pérdida de calidad”, opina.

Aunque los cambios se aceleraron por la pandemia, Mori considera que fue un error que Sunedu proponga que las universidades solo puedan brindar un 80% de programas a distancia, pese a que en el 2020, Minedu dispuso que sea hasta el 100%. “Quiere que una educación a distancia tenga 20% de presencialidad, lo cual es absurdo”, indica.

Regulación en riesgo

En el camino de garantizar la calidad, ya sea presencial o virtual, ambos especialistas coinciden en que se necesitan instituciones supervisoras autónomas y sólidas. Sin embargo, hace 25 días que el Congreso aprobó la ley que debilita el papel de Sunedu al incorporar en su consejo directivo a dueños o rectores de universidades que tendrán la tarea de fiscalizarse y autorizarse a sí mismos.

“Se debe fortalecer la labor de Sunedu en la supervisión de la semipresencialidad o virtualidad, pero vemos que un ente técnico se ha politizado”, opina Paulocesar Santos, vocero del colectivo La educación se respeta, que agrupa a federaciones y gremios estudiantiles a nivel nacional.

Hace 23 días que el presidente Pedro Castillo se comprometió a observar la ley y hasta hoy no lo hace. El plazo expira mañana.


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