El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dio positivo por coronavirus el último jueves. (AFP/Brendan Smialowski).
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dio positivo por coronavirus el último jueves. (AFP/Brendan Smialowski).
Pedro Ortiz Bisso

En 1997, Barry Levinson dirigió una deliciosa sátira política llamada “Wag the dog”, en la cual un presidente estadounidense que se presentaba a la reelección, contrata a un misterioso personaje para que arme una historia falsa que distraiga a los medios de comunicación y tape un escándalo sexual en que se encontraba inmerso.

La historia que protagonizaran Robert de Niro y Dustin Hoffman –este, incluso, obtuvo una nominación al Óscar- vino inmediatamente a mi cabeza después de que Donald Trump confirmara que dio positivo al COVID-19. Jair Bolsonaro y Boris Johnson, mandatarios que como el estadounidense minimizaron al virus y luego fueron presa de él, consiguieron aumentar su popularidad después de caer infectados. Tras el desastroso debate del último martes y sus magros números en las encuestas, Trump necesitaba una maniobra radical para tentar una remontada.

¿Sería capaz de urdir algo tan bajo? Parece que no. No solo el presidente ha caído enfermo, sino también su esposa Melania, su ex asesora Kellyanne Conway y Hope Hicks, una de sus más cercanas colaboradoras y quien, se presume, lo habría contagiado.

Con Trump hospitalizado –solo por precaución, según se ha dicho oficialmente-, el resultado de las elecciones del 3 de noviembre es aún más impredecible. Las actividades de su campaña han quedado suspendidas y se ignora si participará –y de qué manera- en los dos debates restantes.

Lo que está claro es que el mandatario estadounidense ha vuelto a ser presa de su soberbia y su inmensa ignorancia. Su actitud hacia el coronavirus ha sido suicida. De haberle hecho caso a los científicos, muchas de las más de 200 mil muertes en su país se habrían evitado. Y él, probablemente, no estaría pasando por este trance que podría traerle complicaciones por su edad (74 años) y su peso (alrededor de 110 kilos).

Mascarilla, distancia social y lavado de manos. Solo así, por el momento, podemos controlar al virus. A ver si el señor Trump lo empieza a entender.

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