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Instalación en la muestra que incluye los retratos de José Bernardo de Tagle y Portocarrero, cuarto marqués de Torre Tagle y de Mariana Echevarría de Santiago y Ulloa, cuarta marquesa de Torre Tagle, ambos realizados por el pintor José Gil de Castro en 1828 y 1822 respectivamente. Colección Torre Tagle. Foto: Daniel Giannoni.

Instalación en la muestra que incluye los retratos de José Bernardo de Tagle y Portocarrero, cuarto marqués de Torre Tagle y de Mariana Echevarría de Santiago y Ulloa, cuarta marquesa de Torre Tagle, ambos realizados por el pintor José Gil de Castro en 1828 y 1822 respectivamente. Colección Torre Tagle. Foto: Daniel Giannoni.

Resumen

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Instalación en la muestra que incluye los retratos de José Bernardo de Tagle y Portocarrero, cuarto marqués de Torre Tagle y de Mariana Echevarría de Santiago y Ulloa, cuarta marquesa de Torre Tagle, ambos realizados por el pintor José Gil de Castro en 1828 y 1822 respectivamente. Colección Torre Tagle. Foto: Daniel Giannoni.
Instalación en la muestra que incluye los retratos de José Bernardo de Tagle y Portocarrero, cuarto marqués de Torre Tagle y de Mariana Echevarría de Santiago y Ulloa, cuarta marquesa de Torre Tagle, ambos realizados por el pintor José Gil de Castro en 1828 y 1822 respectivamente. Colección Torre Tagle. Foto: Daniel Giannoni.
Por Enrique Planas

Seductora por su anacrónica belleza, sobre estas líneas vemos el detalle de “La alegoría de la unión americana”, cuadro del pintor Florentino Olivares de Paceño. Pintada en 1865 (un año antes del Combate del 2 de Mayo), la obra resulta fascinante para el historiador de arte Luis Eduardo Wuffarden: es el testimonio de un pintor olvidado, parte de una familia de artistas afincada en el Cusco y el Alto Perú, y que se mantuvo muy activa en el sur andino a lo largo del siglo XIX, fieles a una técnica pictórica directamente heredada del virreinato. Para el especialista, la paradoja es extraordinaria: un cuadro pintado aún con técnica colonial para expresar los ideales de la Independencia y la libertad de la región. El cuadro, que permaneció olvidado por mucho tiempo, fue rescatado por el Museo de Arte de Lima (MALI) de los depósitos de un anticuario local, al considerarlo una pieza clave dentro de la pintura alegórica andina en el Perú decimonónico. “Nos permite ver la firma en que un nuevo conflicto con España, repercutió en toda la región”, señala. Así, en la obra de Olivares resurgen símbolos que nos remontan a las gestas independentistas: el León como símbolo de la corona españa y la femenina alegoría del Continente americano como una mujer indígena con penacho de plumas, llevando los símbolos nacionales de las jóvenes repúblicas.