Detalle de portada de "En la cara no" de Mario Molina y Oscar Malca.
Detalle de portada de "En la cara no" de Mario Molina y Oscar Malca.
José Carlos Yrigoyen

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¿Es posible la nostalgia por los noventa? Solo si se concibe desde la dependencia que deriva del amor-odio. Fue época de claudicaciones colectivas, de vivir en un país triste y aislado, pacificado a la mala, de asco moral y miseria material. Sin embargo, también significó un periodo en el que trazamos nuestras relaciones humanas primigenias, enamoramientos tan defectuosos como entusiastas, el descubrimiento de un mundo para el que no cabía alabanza aunque sí la indeclinable curiosidad de quienes fuimos jóvenes en la Lima preinternet. Sobrevivimos a los ochenta y la recompensa fue el cinismo y la abulia; en esas circunstancias intentamos forjar una sensibilidad que quizá no nos hiciera mejores, pero sí distintos a la delicuescencia que nos rodeaba.

La breve pero sólida obra de Oscar Malca surge y se desarrolla a partir de esa pulsión vallejiana del odiar con ternura. En su novela “Ciudad de M” (1993) compilaba las andanzas de un muchacho pauperizado que se batía por las calles de Magdalena en eterna búsqueda de empleo, consagrado al consumo de drogas y música liberante, y con las ganas de escapar lejos de la mugre y la ruina, como aquel chico de la canción Dirty Boulevard de Lou Reed (por quien Malca alguna vez dijo que era capaz de trompearse y acá secundamos la moción). Casi treinta años después regresa, acompañado por el dibujante Mario Molina (cuya amistad se fecundó en los años dorados de la revista Caretas) con “En la cara no”, ambiciosa y contundente novela gráfica que desde ya debe considerarse como uno de los títulos puntales del género en nuestro país.

Al igual que su primer libro, “En la cara no”, comienza en Magdalena, específicamente en una decrépita Unidad Escolar donde cuatro bellacos se confabulan para hacerse del control del estudiantado y recursearse con pases de estupefacientes a la salida del colegio. Su carrera delincuencial no se detendrá ahí: proseguirá con robos de autos y llegará a las mismas fauces del poder fujimorista, encarnado en el siniestro Vladimiro Montesinos, quien en los códigos de la pandilla es nombrado “El Boga”. Como el Vargas Llosa de “Conversación en La Catedral”, Malca ficciona sobre los bajos fondos, describe con minucia la sordidez del lumpen, para luego proyectar mediante esa luz abyecta los entresijos del régimen, la infinita podredumbre de la cúpula gobernante.

A esa mirada prismática de Lima de finales de siglo contribuye decisivamente el brillante trabajo de Mario Molina, cuyo reconocible estilo es otro elemento propio de la etapa que ha cristalizado en estas viñetas. Las escenas dispersas y veloces con las que se inaugura la historia -veredas rotas, calles levantadas, conjuntos humanos que evocan los villorrios de Bombay o Calcuta, gallinazos, perros vagos, ratas y más ratas-, resultan un alarde de oficio, imaginación y precisión metafórica que no recuerdo en otra novela gráfica nativa. La urbe es mostrada como “vecina de la animalidad”. Aquí animalidad significa rapiña, convivencia con la inmundicia, un ámbito donde triunfa la ley del más fuerte. Se reafirma la certeza que cimentaba “Ciudad de M”: “quienes son débiles, no sobreviven. Si uno no pertenece a la raza de los tiburones, tiene que ser suficientemente mosca para no ser atrapado por sus fauces insaciables”. Lo mismo piensa el cuadrivio criminal de esta negra fábula.

Hay otras notorias continuidades entre ambos libros. La estructura, por ejemplo: se componen de un andamiaje integrado por relatos que pueden leerse de forma autónoma, que casi siempre dejan la expectativa servida, aunque al mismo tiempo constituyen un universo delimitado, una consistente atmósfera común. Son similares además por graficar la necesidad de escapar de un infierno vital, de las consecuencias de la traición, de un horizonte estéril y sombrío. Si M y sus amigos sopesaban si valía la pena el riesgo de transportar cocaína al extranjero y huir a los codiciados Estados Unidos, en esta ocasión la duda es sobre si hacer un último trabajo para “El Boga” o desaparecer del país sin aviso. Pero la diferencia gravitante es que “En la cara no”, exhibe una madurez y una seguridad narrativa que sobrepasan los méritos de “Ciudad de M”: hablamos de una obra mayor y del regreso memorable de dos artistas en toda la extensión de la palabra.

La ficha

Autores: Oscar Malca y Mario Molina

Título: “En la cara no”

Editorial: Reservoir Books

Año: 2021

Páginas: 279 páginas

Relación con los autores: ninguna.

Valoración

★★★★☆

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