Resumen

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Dos fotos de la infancia y juventud de Luis Hernández flanquean la portada de "Una impecable soledad", reciente reedición de la obra del poeta. (Fotos: Pesopluma)
Dos fotos de la infancia y juventud de Luis Hernández flanquean la portada de "Una impecable soledad", reciente reedición de la obra del poeta. (Fotos: Pesopluma)
Por Juan Carlos Fangacio Arakaki

Lucho Hernández era y no era Shelley Álvarez. Esa compleja relación entre autor y personaje es uno de los aspectos más interesantes de “Una impecable soledad”, la más reciente de las obras reeditadas del poeta peruano. Álvarez, el protagonista, es un músico algo errante, como esa silueta recortada entre las teclas blanquinegras de un piano que ilustra la bella portada del libro. Hernández Camarero, por su lado, no era tan buen pianista pero lo intentaba. Y su melomanía frecuentaba a los mismos artistas que su creación: Händel, Prokófiev, Charles Ives. Los músicos que ponen la banda sonora de esta novelita fragmentaria y apasionante.