
Tiempo atrás, Sabrina González Pasterski fue bautizada como la “Einstein latina”. A sus 32 años, esta física teórica se consolidó como una de las figuras más prometedoras en la investigación de los misterios del universo.
Sabrina nació en Chicago en 1993. Su madre, María González, emigró desde Cuba cuando apenas tenía cinco años, y su padre, Mark Pasterski, ejercía como abogado y exfiscal.
Desde sus primeros meses de vida mostró que era diferente al resto. “A los ocho meses ya te pedía un biberón con agua o con leche”, recordó su papá en una entrevista con Univision.
Su interés por volar apareció en la niñez. Al ser fan de Harry Potter, soñaba con tener una escoba mágica. Fue así como su abuelo le regaló una avioneta Cessna.

“Cuando era niña yo quería una escoba voladora y a mi abuelo se le ocurrió regalarme una avioneta Cessna”, contó con humor Sabrina.
Ya adolescente, se dedicó a reconstruir esa avioneta y a aprender sobre mecánica y vuelo. Su esfuerzo rindió frutos muy rápido, pues en 2009, a los 16 años, obtuvo su licencia de piloto y realizó su primer vuelo en solitario. “Cada niño tiene un destino y es muy importante dejarlos hacer lo que quieran”, dijo su madre.
En la adolescencia ingresó a la Academia de Matemática y Ciencias de Illinois (IMSA), donde tuvo como mentor a Leon Max Lederman, Nobel de Física en 1988. Esa etapa marcó su inclinación hacia la física y las matemáticas, que luego la llevarían a instituciones como el MIT, Harvard y el Instituto Perimeter de Canadá.
Durante su paso por el MIT alcanzó un logro histórico: se graduó en física con el promedio más alto registrado en la institución. Más adelante obtuvo su doctorado en Harvard bajo la supervisión de Andrew Strominger.

Su tesis, titulada “Implicaciones de las superrotaciones”, publicada en 2019, abrió la puerta a su reconocimiento en la comunidad científica internacional. “Me gusta aprender, me gusta hacer cosas para las que tengo habilidad”, afirmó.
Sus aportes más destacados incluyen el Spin Memory Effect, clave para entender las ondas gravitacionales, y el triángulo Pasterski-Strominger-Zhiboedov (PSZ), que conecta aspectos de la física cuántica y el electromagnetismo.
Incluso Stephen Hawking mencionó su trabajo en estudios sobre los agujeros negros y la hipótesis del Soft Hair.

Hoy, además de investigar en el Instituto Perimeter y colaborar con instituciones como la NASA, el CERN y Boeing, Sabrina lidera la Iniciativa de Holografía Celestial, un proyecto que busca nuevas formas de describir el universo.
“Yo quisiera darle una vuelta a esta historia de la que estoy tan agradecida para convertirla en un impacto positivo en mi campo de trabajo”, concluyó.
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