Las violentas manifestaciones que se viven en Quito han afectado al transporte público y obligado a varios comercios a cerrar sus puertas por temor a posibles saqueos. (AFP)
Las violentas manifestaciones que se viven en Quito han afectado al transporte público y obligado a varios comercios a cerrar sus puertas por temor a posibles saqueos. (AFP)
Renzo Giner Vásquez

Con seis días seguidos de violentas protestas, el centro de se ha convertido en un verdadero campo de batalla. Los enfrentamientos entre manifestantes -principalmente miembros de agrupaciones indígenas- y fuerzas del orden vienen dejando un saldo de dos muertos, 19 heridos y 676 detenidos, además de la toma por una hora del Parlamento Nacional y el ataque a diversas oficinas gubernamentales.

A 25 minutos de todo ese caos, en el cruce de las avenidas Portugal y 6 de diciembre, vive Rosa Gamarra, originaria de Chiclayo pero residente en Quito desde hace 17 años.

El caos acá es muy fuerte, hay otros sectores en el país donde también pero no tanto como acá o en Guayaquil”, dice a El Comercio a través de una llamada telefónica.

Gamarra considera que las principales consecuencias a la agitación que vive la capital son la falta de transporte público y la dificultad por conseguir artículos de primera necesidad.

No hay transporte público, apenas unos pocos buses del Ecovías –equivalentes al Metropolitano-, solo esa línea, nada más. El servicio de colectivos, de taxis, no salen. No hay atención en los supermercados. Además, los comercios no abren desde el jueves, cuando iniciaron las protestas, no se han podido comprar víveres. Hubo saqueos, hay muchas pérdidas ahora. Hay quienes sí han prevenido y pudieron hacer sus compras, pero yo fui y estaba desabastecido totalmente”, explica.

Rosa Gamarra es originaria de Chiclayo pero residente en Quito desde hace 17 años. (Archivo personal)
Rosa Gamarra es originaria de Chiclayo pero residente en Quito desde hace 17 años. (Archivo personal)

El estado de excepción dictado por el frente a las manifestaciones ha provocado que las escuelas y otros centros educativos de la capital se vean obligadas a cerrar por quinta vez en dos semanas. “No ves a casi nadie en las calles, los chicos no van al colegio. Para trabajar hay quienes van a pie, otros consiguen una camioneta por ahí, pero muchos no pueden llegar hasta su trabajo y deben quedarse en casa a la espera de que se solucione la situación”, detalla Gamarra.

El toque de queda ordenado por el Ejecutivo entre las 8:00 p.m. del martes y las 5:00 a.m. del miércoles, asegura Gamarra, solo aumentó la sensación de incertidumbre.

Nuestra compatriota agrega que aún no se puede conocer el real impacto que tendrán sobre los precios finales las medidas decretadas por Moreno, debido a que las protestas evitaron que estas sean aplicadas.

Por esta avenida (6 de diciembre) pasaron todos los manifestantes cuando recién se dirigían al centro. Yo entiendo su protesta, al final ellos son los que nos dan los alimentos que luego consumimos, pero yo estoy segura de que hay infiltrados en las marchas y ellos son los que protagonizan los hechos violentos”, nos dice.

Gamarra formó parte, entre el 2012 y el 2013, del Consejo de Consulta de los peruanos residentes en Quito, según el Consulado Peruano en dicha ciudad. “Hasta el momento sabemos que no hay ningún peruano herido o involucrado en las manifestaciones”, detalla.

El presidente Lenín Moreno está a la espera de entablar una mesa de diálogo con las principales agrupaciones indígenas y sindicalistas que protestan, se esperan que en los próximos minutos aterrice en Quito.