Redacción EC

El Comercio

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Cada 6 de agosto, miles de grullas de papel se colocan a los pies de un monumento dedicado a la niña Sadako Sasaki, en la ciudad japonesa de . Allí, una inscripción reza: “Este es nuestro grito, nuestra plegaria: que haya paz en el mundo”. La historia de la pequeña Sadako está íntimamente ligado al episodio más doloroso que ha vivido la urbe en los últimos tiempos.

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A las 8:15 de la mañana del 6 de agosto de 1945, la primera bomba atómica lanzada contra una ciudad cayó sobre Hiroshima. Sadako vivía aproximadamente a 1.7 kilómetros del foco de la explosión. La onda expansiva la arrojó a varios metros de su vivienda, pero sobrevivió. Aparentemente, estaba sana; sin embargo, la radiación hacía estragos en ella.

En noviembre de 1954, cuando tenía 11 años, empezó a desarrollar una hinchazón en el cuello. Luego le aparecieron manchas moradas en sus piernas. Los médicos le diagnosticaron, posteriormente, leucemia maligna aguda de las glándulas linfáticas. Le dieron una esperanza de vida de un año.

En el hospital de la Cruz Roja, donde fue ingresada, conoció a una niña dos años mayor que ella, llamada Chizuko Hamamoto, que también estaba siendo tratada de cáncer. Esta le mencionó una leyenda que señala que si doblaba mil grullas de papel, los dioses le concederían un deseo que se convertiría en realidad.

La pequeña Sadako tuvo entonces una luz de esperanza en su corazón. Cuentan que se empeñó en doblar cuantas grullas pudo, utilizando incluso los envoltorios de las medicinas a faltas de papel. Lamentablemente, según la versión popular, Sadako solo pudo doblar 644 grullas antes de morir el 25 de octubre de 1955.

La pequeña Sadako Sasaki se empeñó en doblar cuantas grullas pudo, utilizando incluso los envoltorios de las medicinas a faltas de papel. Lamentablemente, según la versión popular, Sadako solo pudo doblar 644 grullas antes de morir el 25 de octubre de 1955. (Foto: Wikimedia Commons)
La pequeña Sadako Sasaki se empeñó en doblar cuantas grullas pudo, utilizando incluso los envoltorios de las medicinas a faltas de papel. Lamentablemente, según la versión popular, Sadako solo pudo doblar 644 grullas antes de morir el 25 de octubre de 1955. (Foto: Wikimedia Commons)

Club de grullas

Como homenaje a Sadako, sus compañeros de escuela hicieron las 356 grullas que faltaban”, narra don Eduardo Yanahura, expresidente de la Asociación Peruano Japonesa (APJ).

Los amigos de Sadako tuvieron la iniciativa de dedicarle un monumento, el cual también serviría para honrar a los otros niños que fallecieron a causa de la bomba atómica. El proyecto se hizo realidad en 1958, cuando se inauguró una estatua en el Parque de la Paz de Hiroshima, que mostraba a Sadako de pie con los brazos extendidos al cielo y sosteniendo una grulla dorada.

En su honor se formó además el “Club de grullas de papel”, cuyos miembros, el 6 de agosto de todos los años, colocan miles de grullas a los pies de Sadako.

De acuerdo con el señor Yanahura, de ascendencia hiroshimana, la tradición ha trascendido fronteras. “Ahí en Japón siempre se hacen las grullas y acá en Perú también”, agrega. Incluso el presidente Barack Obama, cuando visitó Hiroshima en 2016, dejó dos grullas.

DATO

Con motivo de los 75 años de la caída de la bomba atómica, Hiroshima Kenjinkai (la asociación de peruanos nikkei con ascendencia de Hiroshima) desarrollarán hoy a las 7:00 p.m. una ceremonia por la paz online a través de su Facebook. Se puede seguir a través de

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