“Lloré mucho”: las adolescentes afganas devastadas tras el cierre de sus escuelas

Con la decisión del cierre de escuelas de los talibanes, los observadores temen que los nuevos líderes del país vuelvan a prohibir la escolarización de las niñas, como hicieron durante su primer reinado, de 1996 a 2001
La niña de la escuela Malahat Haidari habla durante una entrevista con AFP en su casa en Kabul. (Foto: Ahmad SAHEL ARMAN / AFP)

“Para nosotras, se volvió una cárcel”, dice Malahat Haidari, de 11 años, después de que los talibanes ordenaran cerrar las escuelas secundarias para las afganas tras permitir una muy breve reapertura.

El miércoles, miles de adolescentes se alegraban de poder regresar a clase y reunirse tanto con sus compañeras como sus profesoras.

Pero, en una decisión tan brutal como inesperada, horas después de la reapertura de las escuelas secundarias anunciada hacía tiempo, los talibanes ordenaron su cierre e instaron a las estudiantes a regresar a casa.

“Lloré mucho”, dice Haidari, un día después de haber abandonado su escuela para niñas Al Fatah en Kabul.

“Nos tratan como criminales solo porque somos chicas. Es por eso que nos mandaron fuera de la escuela”, cuenta a la AFP en su casa familiar situado en un barrio acomodado de la capital.

“Los mismos que hace 25 años”

Con esta decisión de los talibanes, los observadores temen que los nuevos líderes del país vuelvan a prohibir la escolarización de las niñas, como hicieron durante su primer reinado, de 1996 a 2001.

Cuando los talibanes tomaron el poder en agosto, las escuelas estaban cerradas por la pandemia del covid-19, pero solo los chicos y las chicas de educación primaria pudieron retomar las clases dos meses después.

Las autoridades no dieron ninguna explicación clara sobre su cambio repentino de postura el miércoles.

Las niñas de la escuela Malahat Haidari (R) y su hermana Adeeba Haidari (3L) estudian en su casa con sus hermanas menores y su madre (2R), en Kabul. (Foto: Ahmad SAHEL ARMAN / AFP)

Pero, según informaciones filtradas tras una reunión secreta de altos dirigentes el martes en la noche en Kandahar (sur), las razones esgrimidas iban desde la necesidad de uniformes estandarizados hasta el rechazo de la necesidad de educación para las adolescentes.

El Ministerio de Educación insiste en que las escuelas reabrirán, pero solo cuando se habrán definido nuevas directivas.

“Hasta ayer, no solo yo, sino todo el mundo al que hubieras preguntado creía que [los talibanes] habían cambiado”, dice Adeeba, la hermana de Malahat, de 13 años.

“Cuando enviaron a todos a casa, nos dimos cuenta de que estos talibanes eran los mismos que hace 25 años”, agrega Malahat.

“Echamos de menos nuestra libertad. Extrañamos a nuestros compañeros de clase y a nuestros profesores”, dice Adeeba.

Al provenir de una familia acomodada, los padres siempre animaron a las hermanas a estudiar.

Las niñas de la escuela Malahat Haidari (izquierda) y su hermana Adeeba Haidari estudian en su casa en Kabul. (Foto: Ahmad SAHEL ARMAN / AFP)

“Miedo” a las mujeres educadas

Del otro lado de la ciudad, Nargis Jafri, de 14 años y cuya familia pertenece a la minoría chií hazara, cree que los talibanes se sientes amenazados ante mujeres educadas.

“Creen que si estudiamos, obtendremos conocimientos y combatiremos en contra de ellos”, dijo a la AFP.

“Eso les da miedo”, reflexiona con lágrimas en los ojos sentada en una mesa en su casa familiar.

Jafri, que estudia en el instituto Marafat de Kabul, también cree que es injusto que los niños de su edad puedan ir a la escuela mientras ella tiene que quedarse en casa. “Es realmente duro”, dice.

Las historias que le cuenta su madre, Hamida, sobre los talibanes, le dan miedo.

“Antes, me sentía rara cuando nos contaba cómo llevaba una burqa o un chador, o cómo una mujer no podía salir sin estar acompañada de un hombre” de su entorno, explica. “Ahora, todo me vuelve a la mente”, agrega.

Después de siete meses en el gobierno, los talibanes impusieron una serie de restricciones a las mujeres. Entre otras, no pueden acceder a muchos empleos públicos, se controla la manera en que se visten y no pueden viajar solas fuera de su ciudad.

Los islamistas también arrestaron y detuvieron a varias mujeres activistas que se habían manifestado por los derechos de las mujeres.

Hamida tenía 10 años cuando le obligaron a dejar la escuela. Ahora, está preocupada por el futuro de su hija. “Los sueños que tiene en su corazón se romperán”, lamenta.

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