El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, con su casaca de cuero, el día que celebro su elección presidencial. AP

El presidente que apuesta por el bitcoin y se autodefine como el CEO de parece perfilarse como la nueva piedra en el zapato de en Centroamérica. El modus operandi de : señalar a la nación del norte como el cuco al que hay que enfrentar.

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La retórica es similar a la de los gobiernos autoritarios de la región, como Nicaragua o Cuba, y se plantea desenmascarar a la nación liderada por .

Sus tuits dejan bien en claro el argumento: boicots económicos y electorales para desestabilizar a gobiernos progresistas.

En la última de sus incursiones en la red del trino se muestra más enfático: “Esta claro que el Gobierno de Estados Unidos no acepta colaboración, amistad o alianza. Es sometimiento absoluto, o nada. Se ven hasta absurdas sus acusaciones diarias. No sabía que les interesara tanto El Salvador”. Ello luego de que el Departamento del Tesoro de EE.UU. sancionara a la jefa del gabinete de Gobierno salvadoreño, Carolina Recinos, por presunta corrupción en la gestión de la pandemia.

Y no es la única forma en la que se sacude de las críticas. Bukele ha afirmado que, en la reunión con la exembajadora estadounidense en El Salvador Jean Manes, esta le pidió que “se liberara a Ernesto Muyshondt, político vinculado” a las maras.

Él, por supuesto, rechazó la propuesta.

Escribe la que esta denuncia del mandatario “se dio horas después de que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunciara sanciones contra dos funcionarios de su Gobierno por corrupción durante ‘negociaciones secretas’ del presidente con la Mara Salvatrucha (MS-13)”.

El medio escribe: “Los designados son los directores de Centros Penales, Osiris Luna, y de Reconstrucción del Tejido Social, Carlos Marroquín”.

Y agrega:

Washington afirmó que Luna y Marroquín ‘dirigieron, facilitaron y organizaron’ una serie de encuentros con líderes de la pandilla encarcelados, como parte de los esfuerzos del Gobierno salvadoreño para negociar ‘una tregua secreta’ con los jefes de la MS-13″.

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Una raya más al tigre

Las malas relaciones entre El Salvador de Bukele y Estados Unidos de Biden no son nuevas. De hecho, hace un mes, ya escribía al respecto: el primero acusa al otro de financiar a la oposición, y el segundo señala que el primero atenta “contra la independencia de poderes”.

Ya lo había dicho, meses atrás, la diplomática Jean Manes: “No podemos mirar a otro lado cuando hay un declive en la democracia”.

El medio acota: “Al asumir el 1 de mayo, el nuevo Parlamento oficialista destituyó a los magistrados de la Sala Constitucional de la Corte Suprema, a quienes Bukele había criticado por bloquearle sus planes anticovid, y removieron al fiscal general”.

Luego, en setiembre, dicha Sala Constitucional aprobó que Bukele pudiera tentar una reelección en el 2024.

Pero, a diferencia de la gestión Biden, Bukele sí tuvo buenas relaciones con la de Donald Trump, quien lo llamó “aliado y amigo”.

En una entrevista a el exembajador salvadoreño en Washington Rubén Zamora sostuvo que Trump “solo le pidió” que cortara la migración hacia EE.UU.

Donald Trump, exmandatario estadounidense con quien Nayib Bukele sí parecía tener buenas migas. AP
Donald Trump, exmandatario estadounidense con quien Nayib Bukele sí parecía tener buenas migas. AP / Ben Gray

Hablan los expertos

El mandatario que alguna vez bromeó con ser el “dictador más cool” del mundo se suma al coro de la región que señala a EE.UU. como una nación incongruente y empecinada en desestabilizar su país.

El analista argentino radicado en Estados Unidos, Hernán Molina, señala:

Es verdad que Estados Unidos ha injerido en los países para proteger sus intereses y prevenir el avance de lo que, en un momento fue el comunismo, y ahora son las hegemonías de China y Rusia, aunque no sé qué tanto éxito tiene”.

Con eso en mente, Bukele se adhiere al coro con Nicaragua y Cuba para satanizar a EE.UU., aun cuando tiene un gran rabo de paja.

Él se suma a estos líderes que, por lo general, son autócratas, tienen tendencias autoritarias, que no están a favor de la transparencia ni de los derechos humanos, y que descreen de los procesos democráticos porque pueden reemplazarlos”.

De hecho, no creo que sea una decisión casual que una economía pequeña como la de El Salvador sea el primer país en el mundo que usa la criptomoneda de manera oficial”.

Al respecto, el analista político salvadoreño Luis Alvarado anota que hay parecidos entre la gestión de Nayib Bukele con lo que Fidel Castro hizo en los años 60 apoyado por Rusia.

Bukele entabla relación con Beijing, recibe dinero y, cuando se trata de fondos como los que normalmente Estados Unidos da al país, trata de detenerlos o de robárselos”.

Hay que recordar que él está construyendo mecanismos, mediante una nueva ley que está proponiendo, para que el 40% de cualquier dinero que ingrese al país para ONG, por ejemplo, se quede en las arcas del gobierno”.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, cuyo fastidio con el Gobierno Salvadoreño es manifiesto. REUTER
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, cuyo fastidio con el Gobierno Salvadoreño es manifiesto. REUTER / JONATHAN ERNST

En respuesta, anota Alvarado, países como Alemania ya están decidiendo dejar de financiar y apoyar al pueblo salvadoreño, y se está abriendo la puerta para que los países asiáticos inviertan y aumenten su influencia en la nación.

Y, claro, Bukele tiene una carta con la puede hostigar al gobierno de Joe Biden e inmiscuirse en la política interna estadounidense: la migración irregular. “Lo único que tiene que hacer es abrir las puertas y dar un mensaje de aliento para que las personas se vayan a las fronteras de EE.UU.”.

Esto, obviamente, con la bendición de su nuevo benefactor, China”.

El objetivo es evidente, concluye Alvarado, quien anota que basta con visitar El Salvador para notar la gran inversión en infraestructura y áreas públicas del gobierno chino, una forma “de ganarse los sentimientos de la gente”.

Hace un mes, el presidente Bukele empezó una campaña de relaciones públicas para decirle al pueblo que se había puesto en marcha un proyecto de energía. Pero no dijo que los fondos vinieron de Estados Unidos”.

La embajadora tuvo que entrar a su Twitter y escribir que los estadounidenses estaban felices de ayudar a El Salvador”.

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