El documento firmado por la Conferencia Episcopal de Nicaragua tenía 16 páginas y una frase contundente: “Los años pasan y nadie es eterno”. Era el 2014 y la Iglesia Católica entregaba por escrito su opinión al presidente Daniel Ortega. Cuatro años más tarde y después del 18 de abril -fecha de la cruenta explosión social causada y ahogada por los abusos del régimen sandinista-, el obispo de Managua, Silvio Báez, le recordó al dictador la sentencia. Meses después, Báez denunció que lo querían asesinar y se exilió en Miami.

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