Milagros Asto Sánchez

Mientras se dirigía al cuarto de vacunación en un hospital de Texas, el médico peruano Gary Gutiérrez Campos no pudo evitar llenarse de alegría. No estaba caminando hacia una inyección cualquiera. Después de 10 meses en primera línea de combate contra el COVID-19 en Estados Unidos, cada paso lo acercaba más a la tranquilidad. La vacuna significaba que, finalmente, podría atender a sus pacientes y abrazar a su hijo con más seguridad, sin ese temor que ha invadido al personal médico de todo el mundo desde el inicio de la pandemia.

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