Un sistema de cohetes de lanzamiento múltiple del ejército ruso, el viernes en una zona indeterminada de Ucrania.(Russian Defense Ministry Press Service photo via AP).
Un sistema de cohetes de lanzamiento múltiple del ejército ruso, el viernes en una zona indeterminada de Ucrania.(Russian Defense Ministry Press Service photo via AP).
El País de España

La grabación muestra una explosión en la noche, una gran bola de fuego que sube hacia el cielo. Las fuerzas ucranias sostienen que es el resultado de su ataque a principios de esta semana contra un depósito ruso de armas en territorio ocupado en la sureña localidad de Nova Kajovka, cerca de la ciudad de Kherson; los rusos afirman que resultaron golpeadas instalaciones civiles. El episodio no ha podido ser verificado de forma independiente, pero se ha convertido en un emblema del nuevo giro de la guerra de : el potencial de sistemas de artillería con gran alcance suministrados recientemente a Kiev por sus aliados occidentales y que posibilitan golpear con precisión la retaguardia rusa.

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Se trata de una novedosa variable en la ecuación de una guerra que se aproxima a cumplir cinco meses y ha atravesado distintas fases. En la primera, Rusia lanzó una ofensiva de amplio espectro geográfico. En los compases iniciales logró una importante penetración en distintas partes del territorio ucranio.

Pero la ofensiva fue pronto marcada por una gran dispersión de fuerzas y notables fallos de coordinación y logística. Esa fase terminó con una rotunda derrota rusa en el frente norte —incluida la fundamental retirada en el eje ofensivo de Kiev— y un mejor desempeño de las fuerzas del Kremlin en los frentes sur y este con el establecimiento de un corredor entre Crimea y Donbás.

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En la segunda fase de la guerra, Rusia ha concentrado su acción en el frente este, buscando el control completo de Donbás. En ella, el Kremlin ha corregido algunos de los errores que marcaron la primera fase y construido la base para lograr avances. Moscú consiguió el control completo de Mariupol. Mientras, Ucrania logró completar su exitoso desempeño en el cuadrante septentrional consiguiendo la liberación de Kharkiv, segunda ciudad del país.

En las últimas semanas, Rusia ha logrado avances en Donbás —con las recientes conquistas de las ciudades de Severodonetsk y Lisichansk—. “Se trata de avances limitados, que han costado enormes pérdidas y que no cambian el equilibrio de fondo de la balanza, por lo que ninguna de las dos partes está de momento en condiciones de ganar rotundamente la guerra”, considera Jesús Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria. En paralelo a esos avances, Rusia también ha sufrido un serio revés con la pérdida de la estratégica isla de las Serpientes. Aun así, sin representar un cambio decisivo, esta nueva fase de guerra de desgaste ha abierto una perspectiva algo más favorable para Rusia con respecto a los gravísimos reveses de los primeros compases, según apunta un reciente informe del Instituto Real de Servicios Unidos británico (RUSI).

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En los últimos días, el conflicto vive un momento de relativa estasis con elementos que inducen a pensar en un nuevo giro de guion. Una serie de golpes de la artillería ucrania en la retaguardia rusa, como el de Nova Kajovka, muestra la entrada en acción de nuevo armamento occidental —especialmente los HIMARS (High Mobility Artillery Rocket System, Sistema de cohetes de artillería de alta movilidad) entregados a Kiev por Washington— con potencial para alterar la inercia de las últimas semanas con los lentos, pero constantes avances rusos. Las fuerzas rusas parecen en los últimos días tomar tiempo para reorganizarse; las ucranias han anunciado una contraofensiva en el sur en la zona de Jersón. A continuación, algunas claves acerca de aspectos determinantes del conflicto en esta fase:

Artillería

La artillería es probablemente el elemento de mayor importancia en la ofensiva rusa. Las fuerzas del Kremlin no han logrado la supremacía en el espacio aéreo y los movimientos de su infantería sobre el terreno han demostrado grandes límites. En este escenario, Moscú recurre insistentemente a esa parte de su manual militar que predica machacar objetivos con artillería sin grandes escrúpulos hasta debilitar lo suficiente como para permitir una avanzada con riesgos muy reducidos o nulos. Rusia dispone de una amplia ventaja de medios en este segmento, de 8 a 1 según consideraba recientemente Damien Magrou, portavoz de la legión de combatientes extranjeros para Ucrania.

Es en ese contexto en el que la entrega de sistemas de artillería occidentales de notables precisión y alcance puede marcar una diferencia. En la primera fase del conflicto, los aliados de Kiev se limitaron a suministrar armamento con escaso potencial. “Al principio fue un suministro gota a gota, con material anticuado, casi de museo, echando mano de material de origen soviético que ellos podían utilizar de inmediato. Pero esto ha evolucionado”, dice Núñez Villaverde. Los Gobiernos occidentales han decidido aumentar el apoyo. Washington, en concreto, ha entregado ocho sistemas HIMARS, y otros cuatro van de camino.

El arma actualmente en boca de todos en Ucrania son los Himars, un sistema multilanzadera de cohetes de alta precisión estadounidense. (AP).
El arma actualmente en boca de todos en Ucrania son los Himars, un sistema multilanzadera de cohetes de alta precisión estadounidense. (AP).

“Los HIMARS pueden cambiar el equilibrio bélico mientras haya suficientes sistemas y munición para ellos”, comenta Jack Watling, analista del RUSI y coautor del mencionado informe sobre el estado de la guerra. “El efecto sobre los rusos es sustancialmente debilitar su artillería dejándola hambrienta de munición. Mientras los ucranios puedan encontrar objetivos como los almacenes, se reducirá el volumen de fuego de los rusos. Los HIMARS son muy precisos, móviles, de largo alcance. Es un sistema muy eficaz. Los rusos intentarán dispersar sus materiales para protegerlos. Pero eso reducirá su eficiencia”.

A lo largo de la ofensiva, Rusia ha demostrado límites logísticos para operar lejos de las principales arterias de comunicación y una fuerte dependencia del sistema de ferrocarriles. Esto fue clave en su derrota en el eje de Kiev, donde un intento de penetración con un convoy enorme en una sola carretera y una escasa protección lateral de infantería expuso los medios al contraataque e impidió el despliegue amplio de la artillería. La llegada de los HIMARS les impone ahora un esfuerzo logístico para redistribuir sus arsenales.

Ucrania cuenta con apoyo occidental para detectar los objetivos. Preguntado sobre si Kiev contaba con información de EE.UU. para orientar los disparos de los HIMARS, un representante del Pentágono respondió de la siguiente manera en una sesión informativa ofrecida esta semana: “Hemos suministrado información que ellos usan a lo largo del campo de batalla”.

Los HIMARS, con un alcance de unos 80 kilómetros, no son los únicos sistemas avanzados suministrados recientemente por Occidente. Francia ha entregado 12 baterías de Caesar, otro sistema moderno de artillería, y otros seis van de camino según anunció el presidente Emmanuel Macron. Los Caesar tienen diferente potencial de alcance según cómo sean armados. En su configuración más potente, también pueden golpear a 80 kilómetros. La transición de armamento soviético u occidental de poca monta a sistemas avanzados de corte OTAN es un paso trascendental en la contienda.

Drones

Otro aspecto relevante en esta fase de la contienda son los drones. Estos son útiles para desempeñar varios tipos de tarea. Según señala el informe del RUSI, la artillería rusa se apoya mucho en ellos para tareas de reconocimiento y es gracias a ellos cuando alcanza su mejor grado de eficacia. Washington ha denunciado esta semana que está en marcha una operación para suministrar a Rusia drones iraníes.

“Los rusos usan muchos los drones y tienen problemas porque su cadena de producción contaba con componentes occidentales que ahora no reciben por las sanciones”, señala Watling. “Por tanto, están probablemente buscando vías para cambiar su cadena de producción. Mientras, necesitan otro país que ayude a sostener el suministro en el frente, e Irán tiene desarrollado este sector y son ya bastante buenos para hacerlos a escala”.

Precisamente, está previsto que esta semana el presidente ruso, Vladimir Putin, visite Teherán, en uno de sus primeros viajes al exterior tras años de limitadísima movilidad en coincidencia con la pandemia. Irán es un país ya sometido a intensas sanciones por parte de EE UU, que ha estrechado lazos políticos, comerciales y tecnológicos con Rusia y China. Pekín, por su parte, se cuida de vulnerar abiertamente las sanciones occidentales contra Moscú, y en conjunto, según datos aduaneros estudiados por Martin Chorzempa, del Instituto Peterson, sus exportaciones a Rusia han caído desde el inicio de la guerra. The Wall Street Journal ha informado esta semana de un incremento en las exportaciones de productos como microchips u óxido de aluminio. Pero se habla de cantidades modestas —microchips por valor de 50 millones de dólares en cinco meses—.

Significativo también parece el avance en el iter parlamentario en Rusia de dos medidas legislativas que buscan una mayor capacidad de control público sobre el sistema productivo ruso para poder moldearlo a los intereses del abastecimiento militar. El Kremlin detecta, sin duda, dificultades para sostener el esfuerzo bélico y busca el máximo grado de flexibilidad. La partida bélica en Ucrania se juega en gran medida fuera del territorio de combate, en las cadenas de suministro nacionales e internacionales que alimentan la contienda.

Defensa antiaérea

Otro elemento destacado que puede marcar la diferencia en los próximos compases del combate es la mejora de las capacidades de defensa antiaérea de Ucrania. El presidente de EE.UU., Joe Biden, ha mencionado recientemente durante su gira europea para las cumbres de la OTAN y del G-7 la intención de Washington de entregar modernos sistemas de defensa antiaérea de medio y largo alcance, lo que representaría una escalada de importancia comparable a la de los HIMARS, en este caso permitiendo limitar aún más la capacidad de acción aérea de las fuerzas rusas. Biden no especificó de qué modelo se trata.

“Mi apuesta es que tienen en mente entregar NASAMS (Norwegian Advanced Surface to Air Missile System, Sistema de misiles superficie-aire avanzado noruego)”, considera Watling. Se trata de un sistema de alcance medio/largo de fabricación noruega. “Es uno de los pocos ejemplos de compras de EE UU en el exterior de este tipo de armas. Se utiliza de forma bastante intuitiva. Sin embargo, todos los sistemas antiaéreos deben ser muy cuidadosamente integrados para no equivocarse y disparar fuego amigo. La lógica de detectar objetivos es diferente de la de sistemas soviéticos, por tanto, requerirá entrenamiento”.

Personal

El eficaz entrenamiento de personal es otro elemento que está cobrando especial importancia en esta fase. Ambas partes han sufrido grandes pérdidas humanas, reduciendo por tanto el número de efectivos bien entrenados disponibles. Los números exactos se desconocen, pero autoridades ucranias han reconocido recientemente un ritmo de bajas mortales de entre 100 y 200 al día. En el caso ruso, las pérdidas son, sin duda, ingentes también. Esto supone la movilización de nuevos efectivos, que en la gran parte de los casos no disponen de un adiestramiento suficiente.

En el caso de Ucrania, además, el reto es preparar sus fuerzas para el uso de nuevo armamento occidental y también mejorar su capacidad de acción concertada entre múltiples unidades y dominios.

“En cuanto a entrenamiento para el uso de nuevo armamento, eso es bastante fluido, porque Ucrania tiene muchos especialistas. Así que no hay que explicar a estas personas lo básico. Solo lo especifico de los sistemas”, dice Watling. “Donde los ucranios no tienen esa profundidad de experiencia es en las operaciones armadas combinadas. Necesitan entrenamiento en esto. El Reino Unido, por ejemplo, lo está haciendo. Pero nosotros consideramos que nuestros soldados necesitan 30 semanas de entrenamiento para ser básicamente competentes en esta cuestión, y los ucranios reciben tres. Es importante asegurarse de que la contraofensiva de la que hablan se lance cuando estén realmente preparados para ella”.

El debate sobre hasta qué punto debilitar el despliegue sobre el terreno para alimentar entrenamiento en el exterior es intenso y complejo. Uno más en una gran cantidad de variables de las que depende el destino de la guerra.

“Mi visión es que, desde la perspectiva rusa, el arma militar es la menos importante”, dice Núñez Villaverde. “El arma de los hidrocarburos y los cereales es más importante y están jugando con ella. Buscan que la opinión pública de muchos países europeos empiece a decirles a sus gobernantes ‘ya está bien’ y que dejen de apoyar a Ucrania con intensidad”.

“Una larga guerra de desgaste es el escenario central por defecto. Es uno que en el tiempo favorece a Rusia”, opina Watling. “Pero Ucrania tratará de alejarse de ese escenario y hay vías realistas para lograrlo. Es una cuestión de recibir apoyo adecuado en término de escala y de tiempo”.