Ecuador: El forense peruano en el lugar del terremoto
Ecuador: El forense peruano en el lugar del terremoto
Milagros Asto Sánchez

Roberto Parra es asesor forense del Comité Internacional de la Cruz Roja. Nació el 14 de setiembre de 1979 en el puerto de Ilo, Moquegua. Estudió Antropología en la Universidad Nacional del Altiplano y se formó como antropólogo forense en la Universidad Católica. Actualmente, trabaja para la Cruz Roja en Colombia. 

Del otro lado del teléfono, el antropólogo forense Roberto Parra intenta hacerse oír sobre el sonido de las máquinas que remueven escombros en Pedernales, la zona más devastada por el terremoto en . La búsqueda de cuerpos sigue y ese es su lugar de acción.

— Ud. tiene que llegar siempre a lugares de tragedias...

Yo trabajo en situaciones de conflicto armado, pero también he participado en grandes catástrofes. Como profesional, llegar a estos sitios representa una preocupación por atender las situaciones humanitarias que se demandan, pero los forenses trabajamos para aliviar el sufrimiento de las personas.

— ¿En qué consiste su trabajo exactamente?

Como asesor forense del Comité Internacional de la Cruz Roja, acompaño a los funcionarios y expertos locales para organizar los procesos de búsqueda, el tratamiento digno de los cuerpos, la organización de los sistemas de análisis para identificar los cadáveres, además de asesorar el trabajo normal de recuperación de restos humanos.

— ¿Cuál es el objetivo de esta labor?

El objetivo principal es eminentemente humanitario. Los forenses buscamos aliviar el dolor de las personas que sobrevivieron y han perdido a sus parientes y preservar la dignidad de los cadáveres mediante el resarcimiento de los nombres y la identidad de los fallecidos. 

— ¿Qué hizo que eligiera esta vida tan cercana a la muerte?

De niño tuve una experiencia trágica con mi hermano en Ilo, mi pueblo natal. Eso me llamó a preocuparme sobre qué sucede cuando una persona fallece, cuando un familiar pierde a un ser querido y no tiene noticias, la incertidumbre que eso genera, el dolor.

— ¿En qué zonas de conflicto o de desastre ha estado? 

He trabajado en situaciones de posconflicto en el Perú, buscando a los desaparecidos. Trabajé 10 años en el Instituto de Medicina Legal dirigiendo la unidad de equipo forense especializado, recuperando y analizando los cuerpos de quienes murieron entre 1980 y el 2000 en todo el Perú. También he tenido experiencias en Honduras, en temas de desastres. Actualmente, trabajo en la Cruz Roja como asesor forense en situaciones de conflicto armado en Colombia.

— ¿Cómo es su trabajo ahí?

En Colombia existe un conflicto armado interno donde hay diferentes actores, nuestra función ahí es principalmente preservar la dignidad de los cuerpos y ofrecer información a los familiares, no importa si son combatientes caídos en acción o si son fallecidos civiles.

— Y en Ecuador ahora realiza un trabajo diferente…

Es un trabajo humanitario. Fuimos enviados tras el terremoto para asesorar a las autoridades en términos forenses. Es una misión corta, estaremos en Ecuador hasta el 1 de mayo.

— ¿Qué encontró al llegar a Ecuador?

Un escenario de desastre masivo, zonas afectadas en provincias y pueblos como Pedernales, Manta, Portoviejo y los pueblos aledaños. Las casas y edificios están destruidos. Eran lugares turísticos, como Máncora, pero encontraron la tragedia.

— ¿Es cierto que convivir con la muerte te hace un poco menos indolente?

Al contrario, yo creo que nos hace mucho más humanos porque podemos ver la tragedia de las personas estando vivas e incluso estando muertas. Realmente ver el panorama de cientos de cadáveres que están bajo escombros o en descomposición por la temperatura es bastante terrible. Te hace darte cuenta de que en algún momento uno puede ser ese cadáver.

— ¿Qué es lo más difícil de su trabajo?

Lo más difícil es sentir el dolor de las personas que están buscando a sus parientes fallecidos. Realmente es impresionante la fortaleza que tienen los familiares de las personas desaparecidas que persisten en buscarlos.

— ¿Y lo que más lo reconforta?

Devolver la dignidad a las personas fallecidas y, en muchos casos, hacer posible que los familiares se reencuentren con sus parientes aunque ya no estén vivos.

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