(Foto: EFE)
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Daniela Meneses

“Coca sí, cocaína no” es el título del libro que ha publicado el antropólogo inglés Thomas Grisaffi. En él, recoge su investigación en la provincia del Chapare, , la cuna política del presidente .

Estudioso de las organizaciones de base y la política antidrogas, Grisaffi vivió durante diversos períodos entre el 2005 y el 2015 en esta zona conocida por ser un área de cultivo de coca, y que sigue siendo la principal base electoral del mandatario y desde donde ayer lanzó su campaña electoral para lograr su cuarto mandato consecutivo. 






—El origen político de Evo Morales está muy conectado al Chapare...

En 1998, Morales y los cocaleros formaron un partido, que entonces se llamaba Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos, como una extensión de los sindicatos. Eso luego se convierte en el Movimiento al Socialismo (MAS). La idea era abrir espacios para que se escucharan las voces de los cocaleros a escala nacional.

—En tu libro cuentas como, pocos meses después de la victoria de Morales en el 2005, los cocaleros del Chapare te decían: “Ahora todos somos presidentes”. ¿Cómo se imaginaba en ese entonces la gente en esa región que sería el gobierno con Morales?

Hay que comenzar por entender la visión que tienen de la democracia las organizaciones de bases cocaleras. Es una mezcla de la idea andina de autogobierno con visiones más marxistas, que provienen de la migración de trabajadores mineros a la región en los años 80. En general, la idea es que la democracia significa una alta participación, interacción cara a cara, líderes que escuchan a la gente, esta idea de que se manda obedeciendo.

Cuando ganó Morales, esperaban ver esta cultura de asamblea replicada en el nivel más alto. Esperaban que Morales rindiera cuentas a los sindicatos. Sin embargo, el MAS ya había ido cambiando incluso desde antes de ser el partido de gobierno. Recuerda que desde el 2002 era un movimiento nacional, la oposición principal. Sus líderes ya no necesariamente tenían un origen campesino o indígena, muchos eran de clase media. De manera inevitable, los cocaleros encontraron que con la institucionalización, el control que tenían del partido declinó, y que los líderes ya no actuaban de la manera que su ética local mandaba.

—Más allá de que no haya sido como se lo imaginaban, ¿consideras que los cocaleros han visto mejoras en el Chapare y que tienen mucho poder?

En los años de Morales en el poder, la presencia del Estado en el Chapare ha aumentado muchísimo. Ha habido mucho dinero invertido en infraestructura, escuelas, fábricas y pistas. Y en el Chapare, sí, los cocaleros tienen mucho poder a través de cargos locales.

(Foto: AFP)
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—¿Encontraste alguna voz alternativa fuerte de oposición a Evo Morales en los cocaleros del Chapare?

Evo sigue siendo increíblemente popular, aunque, como cualquier movimiento, después de diez años comienzan a salir voces alternativas; algunos que sienten que no han recibido lo que deberían. Pero digamos que no vi ningún opositor fuerte a Evo en los sindicatos, y creo que se debe a que sería muy difícil que se forme una oposición. Apoyar al MAS es una de las obligaciones del sindicato, y si no la cumplen, enfrentan la ira de este.

—¿Cuál es la visión de la coca en el Chapare?

La coca es una planta muy importante, y hay genuinamente la idea de que tiene propiedades sagradas. Es parte de la vida de las personas, de rituales, desde el nacimiento hasta la muerte. Pero también es innegable que una porción de la coca producida en el Chapare se usa para la producción de cocaína. Si bien es difícil tener una cifra exacta, de acuerdo al servicio de la ONU que monitorea la coca, la mayoría de la coca chapareña no se vende en el mercado legal en Cochabamba.

—En el Chapare has visto el impacto que ha tenido la política boliviana del cato en la producción de coca...

El cato es una política que permite, bajo determinadas condiciones, que se pueda cultivar legalmente un área de coca de 40 por 40 metros. La instituyó el presidente Carlos Mesa en el 2004, con la idea de que fuera temporal, pero Morales la extendió.

Hoy en día, un cato en el Chapare te puede dar unos 200 dólares al mes. Esta política, además, viene acompañada de dos cosas. Primero, asistencia para diversificar cultivos, pues el cato se vuelve como una red de seguridad frente al riesgo de invertir en otros cultivos. Segundo, inversión en infraestructura, lo que hace que haya más oportunidades laborales y acceso a los mercados.

—Esta es la política que ha reemplazado a la erradicación forzada de coca...

Sí. Ha hecho mucho por reducir la violencia relacionada con la erradicación.