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Estimados íntimos, este newsletter reaparece tras algunas semanas de ausencia. La cobertura del Mundial 2026, una experiencia tan intensa como inolvidable, demandó toda mi atención durante más de un mes en Estados Unidos. Mientras tanto, Alianza Lima continuó con su pretemporada y, aunque desde la distancia todo parecía transcurrir con calma, las noticias comenzaron a sacudir Matute conforme se acercaba el inicio del Torneo Clausura.
La primera fue la confirmación de Alfredo Arosemena como nuevo administrador del club en reemplazo de Fernando Cabada. La segunda, ya en el plano deportivo, la incorporación del defensa chileno Nicolás Díaz. Sin embargo, antes siquiera de volver a Lima, me encontré con un Alianza de nuevas cabezas, una nueva crisis instalada por rumores sobre una supuesta salida de Pablo Guede y la inesperada carta de Paolo Guerrero expresando su frustración por el fallido intento de adquirir las acreencias del club.
La pregunta era inevitable: ¿por qué, después de un Apertura en el que el equipo había logrado que el foco estuviera casi exclusivamente en la cancha, Alianza Lima volvía a verse envuelto en temas ajenos al fútbol?
Al regresar a Lima, el panorama era distinto. Las aguas parecían haberse calmado. El equipo había remontado en Matute frente a Sport Huancayo y luego rescató un valioso empate ante Comerciantes Unidos en altura. Es cierto que este último encuentro quedó marcado por las polémicas arbitrales, pero sumar fuera de casa y en esas condiciones nunca es un resultado menor.
Entonces, ¿qué puede esperar el hincha de este Alianza Lima con una nueva administración en mitad de temporada? La respuesta parece sencilla: continuidad y tranquilidad. Si el manejo institucional es el adecuado, el objetivo debe ser trabajar en silencio, sin interferir en el aspecto deportivo, sin generar rumores de oficina que terminen desestabilizando el proyecto y, sobre todo, evitando que los asuntos dirigenciales crucen la puerta del vestuario.
Porque este Alianza Lima ha demostrado que tiene con qué pelear el campeonato. Si mantiene el rumbo que ha trazado en la cancha, tiene argumentos para ilusionarse con el título a fin de año. Y para que eso ocurra, cada área del club debe cumplir su parte.

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