
Resultó que la primera crisis del Gobierno no fue el fenómeno de El Niño. El anuncio del subsidio al diésel refleja una realidad: los precios de los combustibles aumentan, todos lo sentimos, y el Fondo de Estabilización de los Precios de los Combustibles (FECP) todavía no está operativo. De hecho, para estarlo, el Gobierno deberá cancelar la deuda de más de S/900 millones que tiene con sus miembros. Revivir el mecanismo tomará tiempo.
La palabra clave es “focalización”. Y es que, si fuera masivo y prolongado, el subsidio sería impagable. La idea es que llegue por tres meses a quienes más lo necesitan; el grupo elegido como beneficiario incluye al transporte masivo, y por primera vez, a mototaxistas y transportistas fluviales.
Como es conocido, nuestro problema no radica en la falta de fondos, sino en la pésima gestión de los mismos. Eso, como mínimo, debería cambiar en el corto plazo para atender lo que queda del 2026. Una buena gestión de los gastos, y en especial de los subsidios, ayudará a controlar las expectativas de inflación en los próximos meses.
Y, aunque una modificación en el esquema de estabilización de los combustibles no implica automáticamente una variación en la tasa de interés de referencia –el “estándar” de las tasas de interés del sistema financiero formal–, esta modificación sí será tomada en cuenta por el BCR en el análisis de las variables que determinan la inflación.
La focalización de tres meses es un acierto en el papel, pero su verdadero valor dependerá de que el Gobierno resista la tentación de extender el beneficio cuando llegue noviembre y la presión política —agravada por El Niño y la logística de la visita papal— apriete. De lo contrario, cualquier ganancia de corto plazo en el bolsillo del transportista se diluirá en un deterioro de las expectativas inflacionarias que terminará costando más caro a todos.










