
El Ministerio de Economía y Finanzas tiene un gran reto por delante. No solamente deberá articular con responsabilidad los recursos destinados a contener y mitigar al impacto negativo del fenómeno de El Niño, sino que deberá esforzarse por recuperar su brillo.
En el momento en que se hizo conocida la certeza de que el MEF no daría pelea en el Tribunal Constitucional (TC) por las normas que indudablemente atentaban contra la estabilidad fiscal, la robustez de esta institución se vio mellada. Y, aunque el ministerio de Jr. Junín es –por su propia naturaleza– una institución transversal y no ejecuta obras, es vital para que estas se viabilicen.
El MEF tendrá que ordenar, priorizar, y más importante aún, decir que “no” a todo lo que signifique un gasto que nazca desfinanciado. El TC, hace unos días, corrigió un error que le permitió al Congreso disponer de miles de millones de soles del Tesoro Público, y eso ayuda mucho. Pero en el Perú, donde sobran las necesidades y la ineficiencia, es importante que el MEF se ordene y dirija sus esfuerzos a trabajar de la mano de las nuevas autoridades.
En simple, al MEF le toca reconstruir su autoridad política y técnica, y articular una agenda clara de calidad de gasto. La señal que envíe frente a cada proyecto de ley con impacto fiscal será clave para saber si vuelve a ser un filtro exigente o se resigna. El país no puede darse el lujo de tener un ministerio de Economía que solo administre la coyuntura: necesita uno que trace rumbo y lo defienda con firmeza. Esa firmeza incluye ordenar la inversión pública, sincerar la cartera de proyectos y mejorar la relación con los gobiernos regionales y locales.
Un ministerio que defiende la estabilidad, que pone límites al populismo presupuestal y que al mismo tiempo destraba inversión y mejora la gestión puede encaminar al Perú hacia una etapa de desarrollo. El MEF debe empezar a resolver sus propios retos de manera urgente para enfocarse en lo más importante: el país.










