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Las segundas vueltas en el Perú suelen ser incómodas. Casi siempre implican escoger entre dos opciones lejos del ideal. En este caso, además, hablamos de dos candidaturas finalistas que sumadas no alcanzaron ni el 30% del electorado total. En esa línea, no faltan las voces que promueven el voto en blanco o viciado como una forma de protesta. Sin embargo, el editorial del jueves cuestiona esa salida no solo por considerarla una renuncia a decidir quién gobernará el país, sino también porque luego resulta contradictorio reclamar contra un gobierno cuya elección uno decidió no intentar influir. Por eso, por más incómodo que sea, sopese propuestas, evalúe seriamente, vea quién tiene equipo y plan y quién se está armando recién a las apuradas, y elija. La democracia, agradecida.










