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NL Buenos Días

para disputar las presidencias del Senado y de la Cámara de Diputados. Cuesta encontrar una idea que los una. Ambición, quizás. Lo curioso es que este es el mismo Nieto que, durante la campaña, descartaba cualquier entendimiento con Sánchez porque en su bancada convivían personajes vinculados al Movadef. “No quiero estar en una coalición que tenga un señor como Antauro Humala que tiene 12 diputados y senadores y va a tener una influencia decisiva en el gobierno”, decía entonces. Qué poco duran las incompatibilidades en el Congreso...

Muchos electores apostaron por Nieto porque creyeron ver en él una derecha liberal y moderada, distante tanto del populismo de izquierda como de los excesos de López Aliaga. Duró poco la ilusión. . Pero, en realidad, no debería sorprender. Nieto lleva años desplazándose de un espacio a otro y siempre tiene una explicación para el siguiente giro. Renunció al gabinete de Pedro Pablo Kuczynski porque consideró inadmisible el indulto a Alberto Fujimori. Era, dijo entonces, una cuestión de principios. Sin embargo, hoy propone abrir la puerta de Barbadillo para Pedro Castillo, un expresidente golpista que, además, enfrenta graves investigaciones por corrupción.

Quizás alguien debería decirle a Nieto una verdad incómoda: a su edad, su margen político es mucho más estrecho de lo que él parece creer. El país ya perdió demasiado tiempo en egos, cálculos y maniobras de corto plazo. Si todavía aspira a dejar alguna huella, haría bien en poner al Perú por encima de su siguiente movimiento táctico. Las piruetas pueden servir para sobrevivir un tiempo en política, pero rara vez alcanzan para dejar un legado.

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