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Blindada por sus partidarios. Cuestionada por sus haters. Observada al milímetro en cada palabra, cada oración y cada párrafo, Keiko Fujimori finalmente habló. Su primer discurso como presidenta duró apenas 45 minutos, pero fijó las prioridades de su gobierno, tal como desarrolla el editorial de hoy: la seguridad ciudadana y la respuesta ante un eventual fenómeno de El Niño.
Hubo, además, dos gestos políticos que llamaron la atención. El primero fue la ausencia total de una mención a su padre Alberto, una figura que aún divide. El segundo fue comprometerse a gobernar cinco años, “ni un día más”. Una frase quizás obvia, pero que busca cerrar las narrativas de sus adversarios.
Ahora se acaba el tiempo de los anuncios. Empieza el de los resultados. Ya no vuelve a Palacio como primera dama. Es la presidenta. Desde hoy, la responsabilidad será exclusivamente suya. De nadie más que de la señora Fujimori.










