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NL Buenos Días

Las elecciones han dejado una fotografía que va mucho más allá de quién ganó o perdió en cada región. Lo que muestran los en la edición impresa de El Comercio es un país profundamente fragmentado. Un Perú donde las preferencias políticas cambian de una zona a otra y donde cada región parece estar enviando un mensaje distinto a Lima.

Hay regiones que sienten que el crecimiento económico nunca llegó a sus hogares, otras que priorizan la estabilidad y otras que votan impulsadas por la indignación, el miedo o el cansancio. El próximo gobierno enfrentará un enorme desafío. La tarea será reconstruir confianzas, tender puentes y demostrar que es posible gobernar para todos y no solo para quienes votaron por una determinada opción.

Esa fragmentación cobra aún más relevancia porque el proceso electoral está lejos de haber terminado. En octubre, los peruanos volveremos a las urnas para elegir a las autoridades regionales y municipales. Será clave observar quiénes son los candidatos que emergen en cada zona, qué intereses representan y qué relación buscan tener con el gobierno central. En varios puntos del país se percibe el avance de actores vinculados a economías ilegales cuyo poder económico y ahora también político no deja de crecer. Ojo con ellos. El futuro del país no solo depende de quién está en Palacio de Gobierno, también se decidirá en las regiones.

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