¡Buenos días, querido lector! Espero que estés muy bien. Ya volví de las de las que te conté, esas en las que quería hacer nada. El resultado fue el descanso pleno y la reconexión con actividades que disfruto hacer en mis tiempos libres. Coincidentemente ayer estuve conversando con un amigo que también estudia Psicología sobre cómo pasamos nuestro tiempo libre en esta era moderna.

En un momento me preguntó si tenía algún hobby además de la y le dije que sí. De hecho, me permití mostrarle varios: diamond painting, bordado, “pintar” con stickers y diferentes tipos de journaling. Me comentó que eso no era tan común; había hecho un pequeño sondeo entre adultos y muchas de las personas a las que les consultó no tenían ningún hobby.

Mi hipótesis, sobre lo que preferimos hoy cuando tenemos una hora libre, estamos aburridos o simplemente queremos descansar, expresada de una manera poco científica, es que el celular nos ha “frito el cerebro”. Reconozco claramente una versión de mi atención y de mi forma de entretenerme anterior a TikTok. Una versión capaz de permanecer más tiempo concentrada en una actividad, incluso cuando esta avanzaba lentamente y no ofrecía una recompensa nueva cada pocos segundos.

Ahora basta con tener un momento vacío para agarrar el teléfono. Entramos a ver una cosa y, cuando volvemos a mirar la hora, ha pasado muchísimo más tiempo del que imaginábamos. El puede quitarnos horas sin que lleguemos a sentir que hicimos algo con ellas. Estuvimos entretenidos, sí, pero muchas veces terminamos más cansados, dispersos o aburridos que antes.

Esto último no es únicamente una impresión. Una investigación difundida por la encontró que cambiar constantemente de un video a otro para escapar del aburrimiento puede producir el efecto contrario: aumentar esa sensación y reducir la satisfacción con lo que vemos. Otro estudio publicado en encontró una relación entre una mayor tendencia al uso adictivo de videos cortos y menores niveles de autocontrol y control ejecutivo de la atención. Esto no significa que TikTok haya dañado irreversiblemente nuestro cerebro, pero sí ayuda a entender por qué una actividad pausada puede parecernos menos estimulante después de acostumbrarnos a recibir novedades de manera continua.

Durante mis vacaciones noté cuánto tiempo podía pasar mirando el celular sin haber decidido realmente hacerlo. Entonces elegí volver a mis hobbies. Saqué materiales que tenía guardados y retomé proyectos. Opté por descansar usando las manos, creando algo y concentrándome en una actividad cuyo único propósito sea disfrutarla.

Para mí ha funcionado tener varios proyectos empezados y volver al que me provoque en cada momento. Si quiero algo mecánico, avanzo el diamond painting. Si tengo ganas de crear con más libertad, bordo. Si quiero escribir, elijo alguno de mis cuadernos. No necesito obligarme a terminar uno para comenzar otro ni convertir mis hobbies en una nueva lista de metas. La idea es que estén disponibles cuando aparezca el impulso automático de agarrar el teléfono.

A veces pensamos que tener un hobby exige encontrar “nuestra pasión”, ser especialmente talentosos o producir algo digno de mostrar. Puede ser simplemente una actividad que nos guste lo suficiente como para permanecer un rato en ella. Hacer un rompecabezas, tejer, cocinar, cuidar plantas, pintar sin saber pintar, aprender cerámica o pegar cientos de stickers hasta completar una imagen también cuenta.

Volver a mis hobbies no ha hecho que deje de usar el celular ni que TikTok pierda todo su encanto. Lo que ha cambiado es que ahora tengo otras opciones a la vista. Cuando aparece un momento libre, intento preguntarme qué me provoca hacer antes de entregárselo automáticamente al algoritmo. A veces elijo el teléfono. Otras veces elijo un proyecto, me concentro sin darme cuenta y recuerdo que todavía soy capaz de disfrutar de algo que avanza lentamente.

Cuéntame, ¿tienes algún hobby que te mantiene fuera del teléfono? Escríbeme a samanta.alva@comercio.com.pe y conversemos. ¡Nos leemos la próxima semana! 🌿

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