

¡Buenos días, querido lector! Espero que estés muy bien. Hay días en los que llegamos a casa con ganas de hacer algo que nos ayude a desconectarnos. Pensamos en leer, avanzar un proyecto personal, entrenar, cocinar o retomar algún hobby. Sin embargo, cuando finalmente aparece el tiempo libre, sentimos que no tenemos energía para hacerlo.
¡Buenos días, querido lector! Espero que estés muy bien. Hay días en los que llegamos a casa con ganas de hacer algo que nos ayude a desconectarnos. Pensamos en leer, avanzar un proyecto personal, entrenar, cocinar o retomar algún hobby. Sin embargo, cuando finalmente aparece el tiempo libre, sentimos que no tenemos energía para hacerlo.
Nuestra primera conclusión suele ser que estamos demasiado cansados y terminamos eligiendo la opción que exige menos esfuerzo: acostarnos con el celular y dejar que una aplicación decida cómo pasaremos la siguiente hora. Pero antes de renunciar a cualquier plan, podría ser útil hacernos una pregunta específica: ¿qué parte de mí está cansada: el cuerpo, la mente o ambos?
El cansancio físico y el cansancio mental pueden aparecer juntos, aunque no siempre ocurre así. Podemos pasar todo el día frente a una computadora y terminar con la cabeza agotada, pero con el cuerpo todavía lleno de energía. También podemos volver de entrenar, de caminar mucho o de una jornada físicamente exigente con los músculos cansados, mientras la mente sigue despierta y con ganas de recibir algún estímulo.
Reconocer esa diferencia puede ayudarnos a elegir mejor qué hacer con nuestro tiempo libre. Si la mente está saturada después de leer, escribir, estudiar, tomar decisiones o resolver problemas durante horas, quizá sentarnos a leer un libro requiera un esfuerzo que ya no podemos sostener.

La fatiga mental puede afectar la concentración, la vigilancia y el rendimiento en tareas que requieren atención sostenida, de acuerdo con esta revisión científica publicada en el NIH. Por eso, en esos días podemos releer el mismo párrafo cinco veces o sentir que cualquier decisión, incluso escoger qué preparar para cenar, demanda demasiado esfuerzo.
Si el cuerpo todavía tiene energía, una mejor alternativa podría ser bailar unas canciones, salir a caminar, hacer una rutina breve de ejercicios, estirar o poner música mientras ordenamos algo. La actividad física también puede ayudarnos a cambiar de estado mental. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades señalan que incluso periodos cortos de movimiento pueden favorecer funciones como la memoria y el pensamiento, además de reducir la ansiedad.

También puede ocurrir lo contrario. Quizá la mente continúa activa, pero el cuerpo está pidiendo sentarse, bajar el ritmo y recuperarse. En ese caso, obligarnos a entrenar intensamente puede aumentar el agotamiento. Podemos elegir una actividad que mantenga al cerebro ocupado sin exigir demasiado movimiento: leer, escribir en un diario, armar un rompecabezas, dibujar, escuchar un podcast o ver una película.
Ahora, si el cuerpo y la mente están igualmente agotados, quizá la mejor elección sea descansar de verdad. Escuchar nuestras necesidades no debería convertirse en una estrategia para seguir siendo productivos hasta el último minuto del día. Hay noches en las que no necesitamos encontrar la actividad perfecta: necesitamos cenar, bajar las luces y dormir.
La idea es ampliar nuestras opciones y dejar de tratar todo el cansancio como si fuera igual. A veces creemos que ya no disfrutamos de nuestros hobbies, cuando en realidad estamos intentando practicarlos en el momento menos adecuado para la energía que requieren.
Cuéntame, ¿al terminar el día suele estar más cansado tu cuerpo o tu mente? Escríbeme a samanta.alva@comercio.com.pe y conversemos. ¡Nos leemos la próxima semana! 🌿









