¡Buenos días, querido lector! Espero que hayas celebrado bien las Fiestas Patrias y descansado como lo mereces.

Hoy quiero contarte que hace poco empecé un cuaderno nuevo. Sí, uno más a mi colección de muchos otros. ¿Te pasa que en redes encuentras cosas que te interesan, presionas el botón de guardar y nunca más lo revisas? Bueno, el cuaderno que estrené se llama commonplace journal y funciona precisamente para eso: para guardar las ideas a las que quiero volver, o simplemente desarrollar alguna curiosidad que vino a mi mente.

No es un diario ni un espacio para escribir de cómo me siento. En ese cuaderno van frases de libros, preguntas que se me ocurren mientras camino, conceptos que escucho en un podcast, recetas, proyectos manuales que quiero hacer, curiosidades, conexiones inesperadas. Todo aquello que quiero conservar un rato más conmigo.

Aunque ahora parezca una moda de internet, la idea tiene varios siglos. Filósofos como John Locke utilizaban commonplace books para recopilar observaciones, citas e ideas y, sobre todo, poder volver a ellas cuando las necesitaran. No buscaban almacenar información porque sí; buscaban construir conocimiento a partir de ella.

Antes me limitaba a consumir muchísima información: leía artículos, veía videos, escuchaba podcasts, y empecé a sentir que una idea reemplazaba a la anterior. Ahora, cuando algo realmente me llama la atención, lo escribo, y al hacerlo, inevitablemente me pregunto por qué me pareció importante y con qué otra cosa se relaciona.

No es un detalle menor. La investigación sobre aprendizaje generativo muestra que comprender una idea implica elaborarla, reorganizarla y conectarla con conocimientos previos. No basta con leerla o escucharla pasivamente.

A veces vuelvo unas páginas atrás y descubro algo curioso: una pregunta que anoté hace tres meses termina respondiéndose con un libro que empecé esta semana. Una frase conversa con otra. Un concepto se enlaza con uno completamente distinto. Poco a poco, ese cuaderno deja de ser una colección de notas y empieza a convertirse en un mapa de mi forma de pensar.

Vivimos rodeados de información. Quizás el verdadero reto ya no sea encontrar más ideas, sino decidir cuáles vale la pena conservar. ¿Tú tienes algún lugar donde guardes las ideas que no quieres olvidar? Escríbeme a y cuéntame. ¡Nos leemos la próxima semana!

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