El cartel de los recaudadores, por Iván Alonso

“El aumento de los impuestos globales a los servicios digitales –inevitable con un acuerdo de esta naturaleza– afectará el crecimiento y la innovación”.

    Iván Alonso
    Por

    Economista

    "En el fondo, el motivo de las disputas será siempre el mismo: cuánto cree cada uno que le debe tocar de la torta global de impuestos cobrados a un grupo de empresas" (Foto: iStock).
    "En el fondo, el motivo de las disputas será siempre el mismo: cuánto cree cada uno que le debe tocar de la torta global de impuestos cobrados a un grupo de empresas" (Foto: iStock).
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    El gran economista James M. Buchanan, premio Nobel en 1986, sostenía que se necesitaba una “constitución fiscal” para limitar el poder del gobierno –que es lo que hacen, o deberían hacer, las Constituciones– en materia tributaria. La teoría tradicional de la hacienda pública se imagina a un gobierno benevolente tratando de recaudar una cierta cantidad de ingresos con una combinación de impuestos y tasas que cause las menores distorsiones posibles a la actividad económica. Pero no es así como se comportan los gobiernos en la vida real, dicen Buchanan y un coautor en su libro “The Power to Tax”. Una hipótesis más fructífera es imaginárselo como un monopolista que brinda servicios a sus ciudadanos, pero que explota su poder monopólico para maximizar sus ingresos. Detrás de eufemismos como el de reducir externalidades, que se utiliza para justificar los impuestos selectivos al consumo, suele esconderse una realidad más prosaica: generalmente, los bienes gravados con ese tipo de impuestos son bienes cuyo consumo es poco sensible al precio, como la gasolina o la cerveza.

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