Erika Dunkelberg

Los cimientos de una sociedad desarrollada, productiva, segura, libre de violencia y solidaria, se construyen en los primeros años de vida de la persona. La información reciente del Instituto Nacional de Estadística () sobre cómo va nuestro país con relación al desarrollo infantil temprano (DIT) es crucial, pues nos permite visibilizar nuevamente al niño menor de seis años, específicamente en relación con siete resultados acordados intersectorialmente. Tener estos indicadores anuales es un logro que nos acerca a países desarrollados y nos permite compararnos con años anteriores. Tenemos información desde el 2018 para orientar nuestras acciones como Estado y sociedad civil.

¿Por qué es necesario evaluar el desarrollo infantil? Fundamentalmente, por dos razones. Primero, porque la caja de herramientas básicas que el ser humano usará a lo largo de su vida las adquiere en la infancia. Es una etapa de construcción de la arquitectura cerebral y ninguna edificación puede sostenerse sobre malos cimientos. Segundo, porque el desarrollo es un proceso altamente interactivo, donde nuestro cerebro necesita de las experiencias con el otro y el entorno para ir construyéndose. Es así que la primera infancia es la etapa de mayores oportunidades, pero también de mayores riesgos.

¿Qué nos dice sobre el DIT en el Perú? Básicamente, se observan avances positivos en los indicadores relacionados a la salud, reducción de la desnutrición crónica, anemia y bajo peso al nacer. Sin embargo, la situación no es igual en las otras dimensiones del desarrollo integral.

Cerca de un 60% de niños peruanos de 9 a 12 meses carece de una adecuada interacción madre-hijo. Si falla esa interacción, se generan sentimientos de inseguridad y desconfianza en el infante. Este indicador es particularmente relevante porque es un precursor del vínculo de apego con la madre, aspecto fundamental y protector del desarrollo. La pandemia ha tenido estragos en ese vínculo porque hemos disminuido respecto a cómo estábamos en el 2018.

Otro resultado preocupante es que el 66% de niños de 12 a 71 meses no regula sus emociones y comportamientos en situaciones de frustración, según lo esperado para su edad. Ello implica dificultades serias que limitarán su vida escolar futura e incluso laboral. En relación con la comunicación verbal, solo el 48% de niños de 9 a 36 meses logra una comunicación verbal expresiva y comprensiva adecuada para su edad. Con respecto a la capacidad de los niños de 24 a 36 meses para representar objetos o vivencias a través del juego o dibujo, encontramos que un 53% de niños no ha desarrollado dicha capacidad. En conclusión, en el primer período del ciclo de vida ya estamos perdiendo la mitad de nuestro capital humano que está en riesgo de no alcanzar su potencial.

¿Qué hacer frente a estos resultados? Universalizar la atención de los más pequeños y sus familias con un enfoque integral. En la RUTA Perú de IPAE “Poniendo el foco en la primera infancia”, delineamos tres caminos a seguir. Primero, asegurar la continuación del programa Nacional , dirigido a los niños de los hogares más vulnerables. Segundo, brindar a todo niño peruano menor de cuatro años atención a través de estrategias flexibles que se ajusten a las necesidades de la familia (espacios de socialización, encuentros con padres, acompañamiento familiar). Tercero, crear incentivos para promover la participación del sector privado en la creación de centros de cuidado y atención integral. En la década del 2010, la primera infancia fue prioridad del Estado y las políticas públicas. Nos dio los marcos normativos, visión, lineamientos y herramientas. La década del 2020 debe ser el período en el que se cristalice esa visión con una inversión idónea.

Erika Dunkelberg es miembro del Comité Estratégico de Educación de IPAE y directora de la Asociación Educación y Desarrollo EYD

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