"A los 40" es solo un Patacláun con HD, por Pedro Canelo
"A los 40" es solo un Patacláun con HD, por Pedro Canelo

de Bruno Ascenzo es una película con cero posibilidad de riesgo. Es simple y sin elevadas pretensiones técnicas ni de narrativa. Tiene a los actores más queridos del mercado nacional y a los que están de moda por la TV. Tan sencillo como ganarle una partida de “michi” a un bebé de seis meses. Digamos que como director o guionista, Ascenzo es un talentoso estratega de marketing. Vivimos la explosión atómica de la producción peruana con fines comerciales, con obsesión de llenar las salas antes de construir una escena bien lograda que pase a la historia.  “A los 40” cumple con su gran público: hace reír y dura lo justo y necesario. Aunque con esa premisa, mejor que repitan los capítulos de “El Chavo del Ocho” en los multicines. Chespirito, vamos que se puede. 

Digamos que “A los 40” es el típico largometraje que el lenguaje buena onda (o “buenas vibras) ha bautizado con el misericordioso: “película para pasar el rato”. Hay ausencia de dirección actoral y el libreto es efectista. ¿Quién no se va a reír con Noppo? ¿O con la música de la “Quinceañera” o con la canción más karaokera de las “Pandora”?. El principal mérito de Ascenzo es la selección de sus actores. Carlos Alcántara es como el Don Ramón peruano: hace reír desde que aparece su rostro en la cámara. Y casi el mismo efecto se produce con el resto del reparto, casi todos salidos de las añoradas canteras de Pataclaún. “A los 40” tiene actores graciosos y una estupenda fotografía. Es un Pataclaún en HD.

Dejemos de ejercer el paternalismo con lo nacional (en el cine, por ejemplo). La crítica honesta puede ayudar también al crecimiento que todos esperamos. No es antipatía ni mucho menos un ejercicio antipatriota. No conozco a Bruno Ascenzo pero si me lo hubiera encontrado en otra vida, seguro me hubiera gustado ser su ‘pata’. Este texto no tiene la carga del prejuicio a lo pasado, por ejemplo me parece que Carlos Carlín hizo el programa más repulsivo en la historia de la televisión peruana con “La Noche es mía” pero también reconozco que es uno de los mejores actores cómicos que tenemos. Sus minutos con Wendy Ramos son, de lejos, lo más hilarante de la película. 

El cine peruano está cambiando. Aunque a algunos no nos convenza el proceso, hay que aplaudir las grandes convocatorias que se están alcanzando. Ojalá la cantidad pronto nos traiga calidad así sea a cuentagotas. El cine peruano ha dejado de ser el hombre aburrido que se sienta al final de la sala. Ya no es el último de la fila. Hoy el cine peruano ya no huele a naftalina. Hoy al menos huele a pop corn.