Para evitar que te mates, por Santiago Roncagliolo
Para evitar que te mates, por Santiago Roncagliolo
Santiago Roncagliolo

Durante unos años, a mis conocidos les dio por suicidarse. El primero estaba en mi colegio, tenía 10 años y se pegó un tiro. Según la versión oficial, sufrió un accidente mientras jugaba con las armas de fuego de su papá. El siguiente también era del colegio y también se pegó un tiro, aunque ya éramos quinceañeros y él sí dejó claras sus intenciones. 

Ya en la universidad, otro se estrelló después de meses conduciendo borracho, algo así como la ruleta rusa del suicidio. El siguiente sufrió una sobredosis, aunque su familia defendió que había tomado una caja entera de somníferos “por accidente”. El caso más estremecedor fue un poeta, que escribió que se prendería fuego. Y cumplió. La última también era artista, y para despedirse de la vida con tranquilidad, se buscó una habitación de hotel.

Ahora me doy cuenta de que los sobrevivientes nunca hablábamos de los suicidas. Solo corrían rumores. Del primero, aún no me explico que su padre dejase armas de fuego a su alcance. De la última, ni siquiera averigüé cómo murió exactamente. No estaba bien visto hacer preguntas, acaso porque nadie quería pronunciar las respuestas.



Mis amigos muertos han vuelto a mi memoria tras el estreno en Netflix de “”. La protagonista de esta serie adolescente nos habla desde la tumba. Ya en el primer capítulo, queda claro que Hannah Baker ha planeado meticulosamente cómo quitarse la vida. Incluso ha dejado grabaciones en las que señala a los que considera culpables. La historia va saltando entre los hechos que la condujeron a su última decisión... y lo que ocurre después con esos compañeros. 

La serie ha desatado polémicas en todo el mundo. Para muchos, Hannah es tan ‘cool’ que podría generar seguidores. Portavoces de Suicide Awareness Voices of Education (SAVE) y la fundación Jed, especializados en prevención del suicidio juvenil, temen que “13 Reasons Why” anime a los adolescentes a quitarse la vida. Colegios de Canadá han prohibido a sus alumnos hablar de ella. Nueva Zelanda la ha clasificado para mayores de 18. La Asociación Nacional de Colegios de Psicología de Estados Unidos, país donde el suicidio es la segunda causa de muerte adolescente, recomienda que no la vean los chicos vulnerables. Netflix ha aumentado las advertencias de contenido gráfico.

Sin embargo, ¿de verdad se mata alguien porque está de moda? ¿Es mejor evitar hablar de ello para no dar ejemplo? 



Hasta donde yo vi, a mis amigos muertos, el silencio les sirvió de bien poco. Al contrario, la soledad agudizó su depresión. En cambio, visibilizar el problema les habría ayudado a saber que más gente se sentía como ellos, les habría dado un espacio para expresar sus preocupaciones y, quizá, les habría hecho cambiar de opinión.

Los críticos de la serie deberían leer el libro de Jonathan Gottschall “The Storytelling Animal: How Stories Make Us Human”. Gottschall sostiene que los seres humanos usamos las historias como laboratorios de ensayo para la vida. No solo las novelas literarias, sino todas las historias: juegos infantiles, telenovelas, canciones, plantean conflictos y nos hacen imaginar escenarios posibles, preparándonos mentalmente para actuar en ellos.

La narrativa nos ayuda a vivir porque nos hace hablar. No le preguntamos a una madre cómo se mató su hijo, pero podemos discutir cómo se mató un personaje de ficción. Al proyectarnos sobre esos seres inventados, compartimos nuestros propios sentimientos y combatimos la soledad.



Quizá, hace veinte años, una serie como “13 Reasons Why” nos habría dado a todos una excusa para conversar. Ya nunca sabré si, con ella, alguno de mis compañeros habría podido salvarse.

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