¿Un mal arreglo o un buen pleito?

“Me preocupa que en nuestra política hayamos empezado a confundir firmeza con enfrentamiento”.
"Los pleitos pueden ganarse o perderse. Las negociaciones, en cambio, permiten construir soluciones". Foto: Julio Reaño

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Hay una frase que, con los años, he aprendido a valorar: más vale un mal arreglo que un buen pleito. Y el caso de y la me lleva nuevamente a pensar en ella. No porque crea que toda concesión sea intocable, ni porque el Estado deba renunciar a defender el interés público frente a una empresa privada, todo lo contrario. Una municipalidad tiene la obligación de fiscalizar, exigir el cumplimiento de los contratos y corregir aquello que perjudique a los ciudadanos. Pero también tiene la responsabilidad de medir las consecuencias de cada decisión que toma.

El reciente laudo arbitral deja una señal difícil de ignorar. La municipalidad de Lima decidió, en enero del 2023, terminar unilateralmente el contrato de concesión “Vías nuevas de Lima” argumentando una afectación al interés público. El tribunal arbitral determinó –entre otros puntos– que la municipalidad incumplió parcialmente sus obligaciones respecto de la entrega de terrenos para el tramo Ramiro Prialé, dejando pendiente la determinación de una compensación económica.

Conviene recordar que Rutas de Lima presentó cinco reclamos y el tribunal le dio la razón en dos, uno de ellos parcialmente. Pero justamente allí está la reflexión interesante: ¿era necesario llegar hasta aquí? Porque los pleitos pueden ganarse o perderse. Las negociaciones, en cambio, permiten construir soluciones. Y cuando quien está sentado al otro lado de la mesa administra recursos públicos, cada año de litigio, cada costo legal y cada eventual compensación terminan teniendo un único destinatario final: el bolsillo de todos los ciudadanos.

Siempre he pensado que negociar no es ceder. Negociar es gobernar con inteligencia. Es saber cuándo insistir, cuándo corregir, cuándo exigir y cuándo encontrar un punto de acuerdo. Es entender que, en una relación contractual de largo plazo, incluso cuando existen diferencias profundas, la salida no siempre tiene que ser la confrontación.

Me preocupa que en nuestra política hayamos empezado a confundir firmeza con enfrentamiento. Pareciera que mientras más dura es la declaración, más firme es la autoridad. Y no necesariamente es así. La verdadera firmeza también consiste en sentarse a negociar, revisar los números, escuchar argumentos y proteger el interés público con una estrategia que pueda sostenerse jurídicamente y, sobre todo, que produzca resultados valiosos. Lima necesita menos gestos y más resultados. Necesita autoridades capaces de defender a la ciudad sin convertir cada diferencia contractual en una batalla campal.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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