Temeridad colectiva

Las autoridades se dan la mano para apoyar un servicio peligroso, desbocado y con vínculos con la criminalidad en la capital.

    Editorial El Comercio
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    de El Comercio

    Los colectiveros que invaden la avenida Arequipa constituyen una competencia desleal para el corredor azul, que debería tener exclusividad para operar en dicha avenida. (Foto: Jorge Cerdán/GEC).
    Los colectiveros que invaden la avenida Arequipa constituyen una competencia desleal para el corredor azul, que debería tener exclusividad para operar en dicha avenida. (Foto: Jorge Cerdán/GEC).
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    El lunes 24 de abril las dos rutas del corredor amarillo, que transitan desde San Martín de Porres hasta Lurín y Surco, respectivamente, paralizaron sus operaciones. El motivo detrás de esta medida es el mismo que explica, en gran parte, los problemas que vienen arrastrando otros dos corredores –el morado y el azul– para poder sostener su modelo de negocio. Este es, la caída en los ingresos que necesitan para seguir operando debido a la pandemia del COVID-19 y, principalmente, a los taxis colectivos que pululan por vías que deberían ser exclusivas para sus buses, pero que han sido tomadas por la informalidad ante la inacción de las autoridades.

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