Deuda eterna, por Fernando Rospigliosi
Deuda eterna, por Fernando Rospigliosi
Fernando Rospigliosi

A pesar de la insistencia de Mario Vargas Llosa, a quien le deben mucho, la pareja presidencial no recibió a Lilian Tintori y Mitzy Capriles, esposas de dos prominentes líderes opositores encarcelados arbitrariamente por la dictadura de Nicolás Maduro.
Pero más le adeudan al mandamás venezolano. Como ha revelado “Perú.21”, en mayo del 2005 Ollanta Humala buscó contactarse con Hugo Chávez en busca de patrocinio y le envió una melosa carta en la que le dice “mi comandante” al corrupto tirano venezolano y le pide una cita. La pareja viajó invitada a Venezuela y consiguió hablar con Chávez que los derivó para los asuntos prácticos del apoyo a Nicolás Maduro. (Alex Ruesta, 27/3/15).

Varios testimonios de disidentes del humalismo dan cuenta del munífico patrocinio venezolano a la campaña humalista. Chávez, en su desbordante megalomanía, no escatimaba en gastos para extender su influencia en la región. El acendrado nacionalismo de la pareja tiene sus límites y no le hacía ascos al auspicio de un gobierno extranjero.

Pero no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. Un ejemplo es lo que ocurrió en mayo del 2013, cuando en medio de masivas movilizaciones contra la dictadura de Maduro y de una feroz represión, el entonces canciller Rafael Roncagliolo hizo un discreto y muy moderado llamado para “solicitar […] tolerancia y diálogo” en Venezuela.

Maduro estalló y lanzó una destemplada diatriba: “Usted se equivocó, ha cometido el error de su vida, Roncagliolo”. Para que no quede duda agregó: “Somos amigos personales del presidente Ollanta”. Y concluyó con un amenazador: “Y yo voy a llamar al presidente Ollanta para que me aclare esta situación”.

Todo se aclaró de inmediato porque Humala despidió a Roncagliolo sin mayores explicaciones a los pocos días.

Que la pareja no tenía un problema especial con Roncagliolo lo muestra el hecho de que acaba de ser nombrado embajador en España, casi dos años después de ese episodio.
En síntesis, estos dos incidentes muestran que la deuda de la pareja con la dictadura venezolana sigue pendiente y que ellos no se atreven a tocar al tirano ni con el pétalo de una rosa, aun al costo de recibir una reprimenda pública de Vargas Llosa, a quien sí necesitan ahora y en el futuro. 

Con Maduro no los une ahora la ideología ni un proyecto común, solo un oscuro asunto que el dictador usaría como amenaza. Porque la pareja sabe que el delirante tiranuelo es capaz de revelar públicamente los detalles de la presunta subvención y eso los pondría ahora en serios aprietos, cuando la fiscalía está investigando a Nadine Heredia por lavado de activos y la situación de Martín Belaunde Lossio, estrechamente vinculado a sospechosos movimientos de dinero, se ventila cotidianamente.

En otro plano, no ha sorprendido el dictamen en mayoría de la Comisión de Inteligencia del Congreso, dominada por humalistas y toledistas, encubriendo nuevamente el espionaje. Según el gobierno y sus aduladores, aquí no ha pasado nada. No hay explicación alguna, sin embargo, al cese del jefe y otros directivos de la DINI (Dirección Nacional de Inteligencia) ni de su presunta reorganización.

La estrategia del gobierno y sus corifeos es banalizar el asunto. El rastreo de miles de personas, que no son sospechosas de haber cometido un delito, por parte del servicio de inteligencia del Estado es algo sin importancia. El seguimiento de personas incómodas, opositores como Jorge del Castillo o miembros del gobierno como Marisol Espinoza no está probado, cacarean, a pesar del cúmulo de evidencias. Además, dicen, los espías son torpes porque han sido descubiertos –¿no es que no había espionaje?– por tanto, eso los exculpa y hay que pasar todo por alto.

En realidad, el intento de usar el servicio de inteligencia y los cuantiosos recursos que el gobierno le asignó como un aparato de espionaje político a imagen y semejanza del que montó Vladimiro Montesinos es un delito grave, aunque los compañeros de promoción de Humala y su entorno militar no hayan estado a la altura de su maestro y los reportajes de la prensa independiente los hayan puesto en evidencia.

Mañana se discutirá la censura a la primera ministra Ana Jara que, como sus antecesores en el cargo, probablemente no tenía idea de lo que cocinaba la DINI.