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La realidad disminuida

“¿Quién cree hoy en día que el inconsciente sea la secreta materia de que están hechos los seres humanos, que esa sea su realidad primera? Pocas personas, aunque buena parte de la ciencia se subordine a ella y encuentre en ella su última justificación”.

    Mario Vargas Llosa
    Por

    Escritor. Premio Nobel de Literatura 2010

    (Ilustración: Giovanni Tazza)
    (Ilustración: Giovanni Tazza)

    Antes de la Segunda Guerra Mundial, la capital del Imperio Austrohúngaro, Viena, era una de las capitales más interesantes de Europa. Tanto desde el punto de vista de las artes plásticas como de las creaciones científicas universitarias, era una de las ciudades más creativas del viejo continente. Solamente en el campo económico, para nombrar uno, sus pensadores habían asumido un liberalismo radical, que defendía los postulados libertarios, llevándolo a un extremo radical y sin concesiones. Y en otros dominios, en Viena misma, había nacido un poco al margen de la publicidad, por explícito deseo de sus miembros, la “Asociación Psicoanalítica Vienesa” (que luego pasó a llamarse “Asociación Psicoanalítica Internacional”), que tendría un desarrollo polémico y discutible, a la vez que ganaba ciudades y países de manera relativamente clandestina. Los miembros de esta “Asociación”, en los años siguientes persistieron, empezando por su líder, el Dr. Sigmund Freud, que acababa de realizar su viejo sueño, ser miembro docente en la Universidad en la que había estudiado, gracias a dos padrinos poderosos: Hermann Nothnagel y Richard Von Krafft-Ebing, quienes lo propusieron como Profesor Extraordinario, algo con lo que aquel había soñado siempre.

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