El derecho de nacer, por Patricia del Río
El derecho de nacer, por Patricia del Río
Patricia del Río

Periodista

Hace una semana nos enteramos de que una pareja joven de Arequipa, Marcos Llaique y Maribel Unsaja, se sometió a una prueba de ADN porque tenían dudas sobre quién era el padre de la criatura que Maribel había parido. Maribel conoció a Marcos cuando terminaba una relación anterior y su ex pareja insistía en que el niño era suyo. Para salir de dudas, los tres adultos y el niño se sometieron a una prueba de filiación y el resultado fue tenebroso: Marcos no es el padre, la ex pareja de Maribel tampoco, y ella no es la madre del niño. En concusión: en el hospital regional Honorio Delgado Espinoza, donde Maribel dio a luz, le cambiaron el bebe, y hoy no se sabe cuál de los otros 21 niños nacidos el mismo 25 de abril podría ser el hijo que la pareja Llaique Unsaja busca. 

En nuestro país se registran, aproximadamente, 1.500 nacimientos diarios. Gracias a un largo e intenso trabajo del Estado, nueve de cada diez de esos nacimientos ocurren en un centro de salud. Nadie puede negar los beneficios que implica ser atendida en un hospital o clínica en el momento del alumbramiento. Estar en manos de un equipo profesional dispuesto a lo que sea por salvar vidas es un derecho del que toda mujer debe gozar. Sin embargo, a lo largo de los años, la ciencia ha estado preguntándose si todo lo que se hace en los establecimientos de salud a la hora de recibir a un recién nacido es adecuado. ¿Es normal que al nacer el niño vaya a una sala de bebes? ¿Debe el recién nacido ser lavado como si fuera una verdura ni bien sale del vientre materno? ¿Hay que cortarle el cordón umbilical tan rápido? 

Existe suficiente evidencia que demuestra que el niño debe quedar en contacto directo, físico, con la madre por lo menos una hora después de su alumbramiento, y que el bebe debe quedar en el mismo espacio que su mamá para que sea ella quien lo cambie, cuide y alimente desde el momento de su llegada al mundo. En muchos países ya no existe la horrenda sala de neonatos donde descansan solitos, y como en cuartel, criaturitas que hasta hace unas horas dormían dentro del vientre materno. La ciencia ha avanzado y estas nuevas formas de parir buscan cuidar al máximo ese momento crucial para la vida de todo ser humano, pero también minimizar los errores o faltas de seguridad que hoy afectan la vida de Maribel y de su niño. 

Tal vez va siendo hora de olvidarnos de tanta tecnología, de tanta parafernalia médica para volver al origen del alumbramiento: que se convierta en un acto atendido en un centro médico seguro, pero donde la madre sea la protagonista, la decisora y la cuidadora de su cachorro.