Rodrigo Cruz

Conviene tenerlo en cuenta de tanto en tanto como un recordatorio de lo que no debe volver a pasar: en julio del 2018, el país fue testigo del momento, hasta hoy, más degradante de nuestro sistema de justicia. el nivel de podredumbre al que se había llegado. Puestos de trabajo, sentencias e investigaciones eran rifadas entre jueces, fiscales, empresarios y políticos según sus intereses particulares. Un submundo donde la impunidad y el compadrazgo eran la regla.

El epicentro de este escándalo estaba en la entidad a cargo de nombrar a jueces y fiscales. Por eso, al inicio, el caso también era conocido como los ‘CNM Audios’, en referencia al hoy extinto Consejo Nacional de la Magistratura (CNM). El nivel de contaminación de este organismo, creado supuestamente para evitar la intromisión del poder político en el sistema de justicia, afianzó el dominio de los “hermanitos”. Corromper al CNM era indispensable si el crimen organizado quería colocar a personajes aliados.

La respuesta a esta denuncia fue la destitución de los miembros del CNM y la creación de la Junta Nacional de Justicia (), una institución que se erigió como la encargada de llevar a cabo el proceso de saneamiento de nuestro sistema judicial. El problema estuvo en que solo nos dieron la JNJ como solución cuando la realidad nos decía que la crisis era más profunda.

Hoy, hablar de los “hermanitos” es sinónimo de corrupción y quienes antes se jactaban de pertenecer a esos círculos son ahora los apestados. Sin embargo, nadie puede decir que las prácticas por las que ellos cayeron se han extinguido en nuestro país. Pues no se trata de que solo existían Cuellos Blancos. También los hay Verdes, Amarillos, Azules, Rojos, etc., que pululan todavía en juzgados y fiscalías en busca de una mayor influencia. Porque nunca a ningún gobierno le interesó hacer una verdadera reforma del sistema de justicia, más allá de los discursos populistas que se repiten en cada campaña. Y la ciudadanía, como siempre, es la que paga los platos rotos.

Dicho esto, la JNJ enfrenta ahora tal vez su mayor desafío: a dos fiscales supremos. Será esta la oportunidad para que marquen distancia de sus antecesores y demuestren la razón por la que fueron seleccionados. Pues una cosa es destituir a magistrados manchados por el caso de Los Cuellos Blancos del Puerto y otra muy diferente colocar en los cargos más altos de una institución central en la lucha anticorrupción a personajes intachables en un concurso público de lo más transparente. De su decisión dependerá el rumbo de la fiscalía. Y de nosotros, que este proceso no pase desapercibido. Para ello, es importante tener en cuenta de tanto en tanto lo que pasó un julio del 2018 como un recordatorio de lo que no debe volver a pasar.

Rodrigo Cruz es periodista

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