Rodrigo Cruz

En las primeras semanas de mayo, en este mismo espacio, comenté acerca de la necesidad de que el Ministerio Público creara un equipo especial de para investigar los múltiples casos de corrupción que comprometen al gobierno de Pedro Castillo. Hacerlo significaba que la fiscalía le iba a dar un impulso trascendental a las investigaciones. Que un solo grupo de fiscales se abocase a desentrañar estas denuncias traería como resultado una mejor distribución de roles, una estrategia en común, así como mayor flexibilidad y celeridad para alcanzar los objetivos trazados. En resumen, se trata de una apuesta más eficiente que dejar que los casos sigan en diferentes fiscalías que no necesariamente comparten el mismo criterio de trabajo.

Por entonces, la decisión de crear este equipo recaía en Pablo Sánchez, que lideraba la de manera interina hasta que se nombrase al nuevo jefe del Ministerio Público para el período 2022-2025. Se sabe que Sánchez, que ya abrió una investigación preliminar contra Castillo, evaluó la posibilidad de crear este grupo especial de trabajo. Pero finalmente prefirió que sea su sucesora, la hoy fiscal de la Nación, Patricia Benavides, la que tenga la última palabra sobre dar este importante paso. Y eso fue lo que sucedió.

Desde esta columna, saludo la decisión de la nueva titular del Ministerio Público de crear, ni bien asumió el cargo, un equipo especial que se centrará en investigar los casos de corrupción y criminalidad organizada en el poder político. Si bien aún no se ha informado qué casos verán estos fiscales (hoy se conocerá recién a sus integrantes), por las competencias que han recibido se puede deducir que se encargarán, sobre todo, de las investigaciones del entorno más próximo del presidente que no cuentan con un fuero especial (la investigación a Castillo seguirá en manos de la fiscal de la Nación, pues está entre sus facultades).

Benavides tiene experiencia en lidiar con casos complejos. En sus once años en la fiscalía a cargo de denuncias a magistrados ha visto casos como los de ‘Los Cuellos Blancos del Puerto’, la red Orellana y ‘La Centralita’. Es un buen indicador. Pero una cosa muy distinta es investigar a un presidente en ejercicio que tiene el aparato estatal en sus manos para protegerse tanto a él como a los suyos. Y ese tal vez es el principal desafío que tienen la fiscal de la Nación y el nuevo equipo especial.

Además, hay que considerar que dentro del Ministerio Público las cosas no están color de rosa. Existen bandos y rivalidades. Y no faltarán aquellos que intenten socavar lo trabajado. Pero ya se dio el primer paso creando a un grupo de fiscales que investigará la corrupción en la política. Ahora falta lo más importante: que se investigue a fondo. Nuestra frágil democracia se lo merece.

Rodrigo Cruz es periodista

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