Editorial: El pasado de Humala
Editorial: El pasado de Humala

En los últimos dos días este Diario ha venido informando sobre el contenido de varios audios en poder de la fiscalía desde el 2011, los cuales mostrarían –de boca del propio ex presidente y sus allegados– las coordinaciones realizadas para la presunta compra de un testigo en el , con la finalidad de absolver al líder nacionalista del proceso que se le seguía por supuestos delitos de violación de derechos humanos ocurridos mientras dirigía la base militar ubicada en la región San Martín.

No solo los audios, sino la declaración en exclusiva a El Comercio de –el testigo que confesó haber recibido los pagos ilegales de personas cercanas al entonces candidato nacionalista– explicarían lo que muchos investigadores, defensores de derechos humanos y periodistas denunciaron hace varios años: el extraño cambio de sentido de los testimonios que inculpaban a Humala durante el proceso, para beneficiarlo.

De manera poco sorpresiva, la revelación del contenido de estos audios motivó una airada respuesta del ex mandatario. Sin embargo, en lugar de dar explicaciones verosímiles, el líder nacionalista ensayó una estrategia defensiva o argumentos tangenciales.

En primer lugar, apenas inició la conferencia de prensa que convocó el pasado miércoles, el ex jefe de Estado señaló que los audios en los que se escuchaba su voz –la cual él mismo reconoció– se habían recogido de manera ilícita por orden de su antecesor en el cargo. “Ese señor [Alan García] ha estado de presidente de la República y ha permitido, por acción o por omisión, que se haya realizado este acto escandaloso que afecta la democracia”, señaló Humala. Y agregó, refiriéndose al ex líder aprista: “Si esta persona se daba el trabajo de meterse a temas de ‘narcoindultos’ con ese detalle, cómo no se va a dar cuenta de que estaban chuponeando a Ollanta Humala Tasso”.

Un alegato con un tinte político que no solo resulta falso sino que además trasluce la poca consideración del señor Humala por la separación de poderes. En efecto, tal como ha sido recogido en las notas periodísticas sobre el caso y precisado por el propio , las interceptaciones telefónicas fueron lícitas y dispuestas por un juez en el marco de una investigación que se hacía sobre el cabecilla senderista ‘Artemio’ y sus nexos con la ex congresista nacionalista y dirigente cocalera .

Por otro lado, el ex mandatario denunció que el Ministerio Público estaría intentando forzar una conexión entre él y el terrorismo. “Estarían tratando de encausarnos por el tema de terrorismo, cuando yo he sido el que capturó justamente a ‘Artemio’”, afirmó de manera sibilina, pues hasta donde se conoce, en ningún momento se le ha imputado a él algún tipo de responsabilidad o vinculación con líderes terroristas. Por lo que solo se puede atribuir un propósito distractor a las manifestaciones del presidente del Partido Nacionalista.

Finalmente, cuando se le interrogó sobre el contenido de los audios y lo que estos podrían revelar en torno a su responsabilidad, tanto en el asunto de la presunta compra de testigos como en los crímenes de Madre Mía, el señor Humala se limitó a señalar que dichas investigaciones ya habían concluido. “Esos temas que usted menciona –retrucó a una periodista– han pasado hace siete años. Ya fueron investigados, entraron a un proceso judicial y fue archivado, y hoy día tiene la categoría de cosa juzgada”.

Un dato que si bien puede ser cierto, tratándose de potenciales crímenes de lesa humanidad y de la posibilidad de que el proceso que investigó dichos sucesos estuviera viciado por la compra de testigos, no lo blinda jurídicamente frente a la posibilidad de una reapertura de la investigación, como ya han advertido en la materia.

Y más importante aun, las evasivas e intentos de victimización del señor Humala –a las que tanto él como su esposa nos tienen acostumbrados– no lo protegen frente a las interrogantes de la opinión pública que seguirán pendientes mientras siga tratando de barrer bajo la alfombra los vestigios sobre un pasado que todavía se percibe sombrío.