“Guerra sucia”, decían, la columna de Diana Seminario
“Guerra sucia”, decían, la columna de Diana Seminario
Diana Seminario

La campaña presidencial del 2011 debe haber sido una de las más polarizadas de los últimos años (sí, más que la última). Criticar a Humala, ya fuera por su plan de gobierno o su pasado en Madre Mía, era recibir críticas de “profujimontesinista” y ser acusado de formar parte de una siniestra y bien orquestada ‘guerra sucia’, con el fin de lograr que Humala no saliera elegido.

Recuerdo a un colega que se autoproclamaba periodista de investigación decir: “Yo no me sumo a la guerra sucia” cuando le pregunté por qué no hizo siquiera el intento de indagar sobre Humala y su mal aclarado pasado.

Seis años después, audios legalmente obtenidos confirman lo que nadie quería ver: Humala pagó a testigos para que se rectificaran de sus acusaciones en el Caso Madre Mía.

Jorge Ávila fue secuestrado por el ‘Capitán Carlos’, mientras que su hermana Natividad y su cuñado Benigno Sulca Castro fueron asesinados por el mismo oficial. Ávila reconoció que  era en realidad ‘Carlos’.

El proceso judicial se abrió en el 2006 y Humala fue declarado inocente luego de que Ávila se retractara de su testimonio inicial. Las sospechas del soborno estaban latentes, se investigó el tema, pero se archivó siendo Humala presidente.

El Diario Perú 21 publicó en mayo del 2011 un video en el que se ve a Ávila, junto con Amílcar Gómez Amasifuén (el operador de Humala). Las imágenes demostrarían la entrega de dinero. Nada pasó. Desde aquí un homenaje a Fritz Du Bois, quien fuera entonces director de Perú 21 por publicar ese testimonio que seis años después cobra más relevancia que nunca.

Las organizaciones defensoras de los derechos humanos que se indignaron en el 2006 callaron en todos los idiomas en el 2011. Incluso, según testimonio de Teresa Ávila (hermana de Natividad), a ella le ofrecieron 20 mil dólares que rechazó. En entrevista con este Diario, Teresa le contó a la Coordinadora de Derechos Humanos que Gómez la visitaría y ellos le recomendaron grabarlo, y eso fue lo que hizo.

Quienes entonces cerraron ojos y oídos con el único fin de que Humala fuera presidente y cerrar el paso a Keiko Fujimori alegan que esos audios se obtuvieron de manera ilegal, que son un elemento distractivo para que no se investigue a Alan García, que entonces no tenían esas pruebas.

Según el fiscal Marco Guzmán (que encarpetó los audios por años), el teléfono interceptado no era el del candidato, sino el de un tercero que se comunicaba con él.

“Respetaré los derechos humanos y no permitiré ningún tipo de influencia política en las investigaciones que sobre la violación de estos derechos estén en curso o se abran en el futuro”. Palabras de Humala durante el juramento por la democracia en San Marcos, que tuvo como aval a Mario Vargas Llosa.

¿Cómo resonarán ahora estas frases en quienes aplaudieron a su candidato y fueron sus testigos?

La verdad puede demorar, o tomar atajos, pero al final siempre llega. Ahora se ve que acomodarla a nuestros odios o simpatías no es beneficioso para nadie y menos para un país. Las consecuencias son muy graves y en muchos casos irreversibles.

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