Por primera vez en 84 años de historia, La Tiendecita Blanca ha implentado servicio de delivery: entró a Rappi a mediados de junio. (Fotos: Juan Ponce/El Comercio)
Por primera vez en 84 años de historia, La Tiendecita Blanca ha implentado servicio de delivery: entró a Rappi a mediados de junio. (Fotos: Juan Ponce/El Comercio)
Nora Sugobono

En marzo pasado, tal y como ocurrió con su vecino , en decidieron esperar. Nadie sabía hasta cuándo. Desde sus salones y terrazas, aquellos restaurantes en lo han visto todo en las últimas décadas: desde crisis económicas hasta coches bomba. Pero nada se comparaba con la del COVID-19, un escenario que no se pudo prever y que pocos han logrado afrontar sin perder algo en el camino. El Haití terminó abriendo sus puertas en diciembre de 2020, tras nueve meses sin recibir visita del público. En La Tiendecita pasaría algo similar, pero no por mucho.

Ese mismo diciembre, la gerente Mónika Bachmann apostó por la reapertura. El regreso alcanzó a durar apenas algunas semanas: el pico de los contagios posteriores a las fiestas de Navidad y Año Nuevo volvió a representar un riesgo. Especialmente para su clientela regular: en promedio, personas mayores de 50 años y -en consecuencia- público de riesgo. Mónika volvió a cerrar, pero ya tenía una idea en mente.

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A fines de mayo, la ex ministra compartió un tweet de alarma: la pandemia se había llevado a la Tiendecita Blanca, sostenía la ex congresista, con una foto del local cerrado. Al final todo se trató de un malentendido, pero la confusión resultó en una favorable coincidencia. El restaurante fundado por un panadero y pastelero suizo de nombre Alberto Bachmann, en 1937, alistaba un retorno renovado.

Repotenciar y promocionar la terraza es uno de los puntos más fuertes de la nueva estrategia del local. En dicho espacio entran unos 40 comensales.
Repotenciar y promocionar la terraza es uno de los puntos más fuertes de la nueva estrategia del local. En dicho espacio entran unos 40 comensales.
/ JUAN PONCE VALENZUELA

“A finales del año pasado decidimos hacer un poco de remodelación. Siempre hemos hecho pequeños cambios porque hay que actualizarse, pero lo que hacíamos eran cosas que no eran visibles para el comensal”, indica Mónika, gerente de dicho espacio y esposa de Alberto Bachmann, hijo del fundador de la Tiendecita Blanca. Esta es la primera vez en 84 años que el local, de propiedad de la familia, experimenta una transformación de este nivel.

Se ha ampliado la terraza (entran unas 40 personas); se han retirado los manteles blancos; se han colocado gigantografías de fotos antiguas de Miraflores a manera de decoración; y la barra ahora es un mostrador para la venta de productos. “Hemos refrescado el ambiente con ayuda de mis hijos que ya están en edad de hacerse cargo y tomar la batuta. Con esto queremos, de alguna forma, que lleguen nuevas generaciones a visitarnos”, continúa la gerente. La digitalización del formato es clave para conseguirlo.

El suizo Alberto Bachmann Schön (derecha) llegó a Lima en la década de 1920 para hacerse cargo de la pastelería del Hotel Country. En 1937 abrió un local propio: la Tiendecita Blanca, que ha sido un negocio familiar desde entonces. A la izquierda lo acompaña su hijo Alberto.
El suizo Alberto Bachmann Schön (derecha) llegó a Lima en la década de 1920 para hacerse cargo de la pastelería del Hotel Country. En 1937 abrió un local propio: la Tiendecita Blanca, que ha sido un negocio familiar desde entonces. A la izquierda lo acompaña su hijo Alberto.

Los pedidos online ya pueden. Tal y como explica Bachmann, están “entrando en calor” para saber bien qué es lo que el comensal (nuevo y antiguo) realmente quiere en este contexto. “La gente pide la terraza muchísimo. Hemos colocado también unas mesitas altas frente al mostrador, más juveniles, que son parte del nuevo diseño. Tenemos menos personal eso sí, y adentro prácticamente solo atendemos con mesas reducidas, a manera de privado”, sostiene.

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De familia alemana y cusqueña de nacimiento, Mónika conoció La Tiendecita Blanca por primera vez en 1986. Lo recuerda lleno de gente, con un ambiente familiar y casero. Revisando fotos incluso más antiguas a dicha fecha, la actual gerente del restaurante notó algunos detalles que le llamaron la atención: para empezar, la famosa barra del local había nacido como mostrador, tal y como está ahora. “Cuando sacamos los manteles blancos también nos dimos cuenta que eran las mismas mesas de cedro que habían estado desde el inicio; igual pasó con las sillas, aunque estas sí han tenido algunos cambios en la tela a lo largo de los años”, cuenta Mónika. La terraza tampoco existía: los autos se estacionaban delante del frontis, en pleno Óvalo de Miraflores.

El ticket promedio de la Tiendecita (S/100) ha bajado a raíz de la pandemia. El lomo saltado, por ejemplo, que bordeaba los S/70-S/75 soles, se encuentra ahora sobre los S/50.
El ticket promedio de la Tiendecita (S/100) ha bajado a raíz de la pandemia. El lomo saltado, por ejemplo, que bordeaba los S/70-S/75 soles, se encuentra ahora sobre los S/50.
/ JUAN PONCE VALENZUELA

“Mi suegro empezó como panadero y pastelero con este espacio que era más una cafetería, una bodega. Había mucha repostería europea. Más adelante fue entrando a la carta todo lo peruano, por supuesto, y muchos de nuestros platos ya son clásicos”, señala Bachmann. Pero lo que hay en el menú de la Tiendecita Blanca no es solo el encuentro de dos mundos. También es el encuentro de distintas eras. De una Lima que se va y otra que llega. De alguna manera se siente como regresar a aquel comienzo, 84 años atrás, finaliza Mónika. Como si el círculo estuviese completo.

Monika Bachmann, gerente de La Tiendecita Blanca, posa delante de las gigantografías que acaban de colocarse en el local, con fotos antiguas de Miraflores. Sus hijos Daniela y Alberto representan a la tercera generación de la familia en participar de la gestión del restaurante.
Monika Bachmann, gerente de La Tiendecita Blanca, posa delante de las gigantografías que acaban de colocarse en el local, con fotos antiguas de Miraflores. Sus hijos Daniela y Alberto representan a la tercera generación de la familia en participar de la gestión del restaurante.
/ JUAN PONCE VALENZUELA

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ACLARACIONESEste artículo se publicó por primera vez el 1 de junio de 2021 en la edición web de la revista "Somos".